El mayor azote de la dictadura
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Con sus versos de apología a la revolución encabezada por Fidel Castro, Rivero ascendió a la fama en la isla a mediados de la década del '60 y fue acumulando numerosos galardones.
Los años de crisis económica y social en Cuba, surgidos tras el derrumbe del comunismo en Europa, impactaron en Rivero, quien comenzó a distanciarse del proceso revolucionario. En 1991 se produjo la ruptura total del poeta con el comunismo cubano y suscribió la llamada «Carta de los diez», en la cual, junto con otros nueve intelectuales, reclamó públicamente a Castro la instrumentación de reformas y cambios económicos.
Desde ese entonces, Rivero fue considerado un «poeta maldito» por las autoridades y sus libros fueron retirados de circulación en la isla.
El diario oficial «Granma» dedicó un editorial a «los diez» que marcó la exclusión definitiva de estos intelectuales del medio cubano. Con su habitual ironía, Rivero replicó con un poema titulado «Suite de la muerte», cuyas estrofas iniciales dicen: «Acaban de avisarme que he muerto, lo anunció entrelíneas la prensa oficial».
• Detenciones
Imposibilitado de escribir en los medios locales, que operan bajo control del Estado, fundó en 1995 la agencia de noticias independiente «Cuba Press» para dar a conocer su visión crítica sobre los acontecimientos en la isla.
En enero de 1996 fue detenido e interrogado junto con otros periodistas y el 11 de febrero del año siguiente fue blanco de un «acto de repudio» organizado en la puerta de su domicilio.
En 1997 fue «amonestado» por la Seguridad del Estado por un artículo en el que informaba del documento crítico «La patria es de todos» y posteriormente detenido de nuevo durante cuatro días.
En marzo de 2003, cuando comenzó la ola represiva de la disidencia, Rivero denunció en uno de sus artículos la detención masiva de opositores, hasta su propio arresto. El 20 de marzo de 2003 fue detenido junto a otros 74 opositores, sometido a juicio sumario y condenado a 20 años de cárcel por «su pésima conducta social» y por «manifestarse groseramente sobre el proceso revolucionario».
Sus colaboraciones en publicaciones de Miami fueron su principal «delito». Sin embargo, en su opinión, fue encarcelado «por escribir y decir lo que pienso», por emplear «mi pluma como arma, siempre en forma pacífica», dijo.


