El Pentágono inició ya la guerra psicológica
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La línea de pensamiento de Rumsfeld, sin embargo, no es compartida por algunos de los estrategas del Pentágono, que advierten del riesgo de que Saddam Hussein mande ejecutar sus órdenes a punta de pistola y que desobedecerle equivalga a un suicidio. Aunque las «psyops» estén sobre todo centradas en «mitigar el riesgo» del arsenal químico y biológico que se le supone al líder iraquí, el objetivo es aun más amplio: persuadir a los militares de este país árabe para que depongan las armas en cuanto comience la ofensiva, insistiendo en la incuestionable superioridad del ejército estadounidense y reavivando las imágenes de la rendición que se pudieron ver durante la Guerra del Golfo.
• Derrocamiento
Cientos de presos iraquíes se entregaron en 1991 gracias a los panfletos lanzados por los aviones norteamericanos a modo de bandera blanca. Durante la ofensiva contra el régimen talibán, la guerra psicológica fue también vital para minar la moral del enemigo y forzar su retirada. En esta ocasión se espera incluso que la superioridad de los Estados Unidos sirva para forzar el derrocamiento interno de Saddam Hussein.
Sin esperar lo que determine el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ni la autorización para el «uso de la fuerza» por parte del Congreso estadounidense, el Pentágono ya está acelerando en estos últimos días los preparativos para la guerra. Las fuerzas norteamericanas desplegadas en la región del Golfo Pérsico superarán en las próximas semanas los 50.000 soldados, con la llegadas de miles de marines para participar en las maniobras anuales que realizan juntamente con el ejército de Kuwait. La Armada ha acelerado la puesta a punto de decenas de navíos, incluidas las flotillas de tres portaaviones en la costa oeste, que podrían recibir en breve órdenes de iniciar el camino hacia Irak.
Aunque el signo más evidente de que vivimos el preámbulo de un conflicto bélico es, según adelantó el periódico «The New York Times», la orden de «separación» de cientos de soldados de elite para que se unan a la CIA en los esfuerzos de «contraterrorismo» y poder estar listos para operaciones especiales, como las que fueron ejecutadas en Afganistán.
«La cuestión no es tanto el número de efectivos que se está desplazando a la zona, sino el número de soldados que se quedará», revelaba al diario neoyorquino un alto funcionario del Departamento de Defensa, que explicaba así el despliegue en curso: «Estados Unidos se está preparando para la batalla. Es un esfuerzo calculado para no interferir en los esfuerzos de la administración Bush para ganar el apoyo diplomático y político a su acción».


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