Ciudad del Vaticano (ANSA, EFE) - Consciente de que los plazos se acortan y de la inminencia de la guerra, el papa Juan Pablo II lanzó ayer un último y desesperado llamado por la paz, durante el cual le pidió a Irak que colabore con la comunidad internacional y a los representantes de la ONU que eviten un conflicto que generaría consecuencias humanitarias desastrosas.
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En las horas decisivas de la crisis, mientras Estados Unidos, Gran Bretaña y España se reunían en las islas Azores para lo que muchos consideran un «consejo de guerra», el Papa recordó que él mismo era un sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial y, por lo tanto, era su deber decir: «Nunca más una guerra».
Juan Pablo II, con palabras emotivas, fuertes y claras, que fue improvisando ante los miles de fieles convocados en la Plaza de San Pedro, narró su experiencia personal para exponer vívidamente las atrocidades de la guerra. «Pertenezco a esa generación que se acuerda muy bien, que tuvo la experiencia y agradezco a Dios de haber sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial», enfatizó el Papa.
«Esta es la razón por la que también tengo el deber de decir a las jóvenes generaciones que no tuvieron esa experiencia, de recordar y decir: ¡Nunca más guerra!», exclamó el Pontífice. «Todos sabemos que no es posible pedir la paz a todo precio, pero también sabemos que es grande, grandísima nuestra responsabilidad en esta decisión», prosiguió el Papa.
Juan Pablo II invitó a Bagdad a colaborar con la comunidad internacional y anteponer los intereses de sus ciudadanos a cualquier otro objetivo político, en obvia referencia a la supervivencia del presidente Saddam Hussein.
Al mismo tiempo, Juan Pablo II instó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a «reflexionar sobre sus propios deberes. Comprometerse en negociaciones factibles no significa humillarse, sino trabajar con responsabilidad por la paz», dijo el Papa, que recordó que los principios fundamentales de la ONU admiten el uso de la fuerza sólo después de haber agotado todas las soluciones pacíficas.
También fue clara la respuesta del Papa a quienes acusan al Vaticano de ingenuo pacifismo, al admitir que la paz no se puede conseguir a cualquier precio, recordando al mismo tiempo la responsabilidad de los poderosos de la tierra.
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