Escándalo en el Capitolio

Mundo

Otra vez un escándalo de sexo y política sacude (y atrae) a Washington.

Seguramente sus consecuencias serán menores que el sexgate de Bill Clinton, pero sus entretelones prometen crear un revuelo similar.

Esta vez las miradas se concentran en el Congreso, justo el poder que en su momento se debatía horrorizado por el caso Lewinsky y debió decidir si destituía o no al inquieto demócrata. El domingo, «The Washington Post» sorprendió al dar legitimidad a los rumores y entrevistar a Jessica Cutler, una ex empleada del senador Mike DeWine ( republicano por Ohio), despedida el viernes anterior por «uso inaceptable de las computadoras del Senado».

El verdadero motivo era más controvertido. La chica, de 24 años, licenciada en Relaciones Internacionales de la Universidad de Syracuse y frustrada periodista, había comenzado a publicar en Internet con lujo de detalles sus andanzas con prominentes políticos, a quienes identificaba por sus iniciales (MD -¿una alusión a su jefe?-, AJ, F, J, MK, R, RS Y W) o dando pistas («un jefe de gabinete de una agencia del gobierno»). Además, «Washingtoninne» (su seudónimo en la red) confesaba haber mantenido con esos hombres sexo por dinero, con una tarifa de 400 dólares. «Era más un regalo que el pago de un servicio... ¿Cómo alguien puede vivir con 25.000 dólares por año?», se justificó en relación con lo que le pagaba su ex jefe.

«W es un dulce. Quisiera terminar con él, pero necesito el dinero» o «tengo un nuevo candidato» son algunas (sólo algunas)de las frases que escandalizaron a Washington. Para peor, la chica sugirió un patrón de conducta en el Congreso: «La mayor parte de mis gastos son subsidiados por lo que me paga un puñado de caballeros mayores. Estoy segura de que no soy la única que gana dinero de esa manera», dijo.

Ex becaria de otro senador,
Joe Lieberman, Cutler comenzó a trabajar con DeWine en febrero. Ahora asegura tener seis clientes fijos: «Vos sabés, hay siete días en la semana», le dijo al influyente periódico de la capital norteamericana.

Mientras, muchos comenzaron a preguntarse si a raíz de este nuevo caso no habría que comenzar a investigar una práctica común de acoso sexual en el propio Senado norteamericano. «Todo es cierto. Todo el mundo dice ahora que hay una chica ligera en el Capitolio. Pero hay millones. Tengo muchas amigas que son todavía peores que yo», le aseguró riéndose al «Post». Ahora va por más y asegura que ya está preparando un libro.


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