Estatales van a la huelga y romperían gremio pro Lula
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Con la presencia de representantes de sindicatos de jueces, policías, diplomáticos y fiscales de la Justicia, entre otros, el grupo se reunió la semana pasada y acordó crear una nueva central sindical.
«Este núcleo está compuesto ciento por ciento por personas que durante toda su vida trabajaron por la elección de Lula. Naturalmente, hoy están decepcionadas», dijo Ezequiel Nascimento, líder del sindicato del personal legislativo y uno de los impulsores del movimiento rebelde, para quien la ruptura «ya es inevitable».
Algunas entidades que reclaman la formación de una nueva central no forman parte de la CUT, pero han atraído a otras que sí, entre ellas la del sindicato de los policías civiles.
Aunque se concretara la salida de los gremios de empleados públicos, la CUT seguiría siendo la mayor central sindical brasileña, ya que reúne a 3.353 gremios y representa a más de 200 millones de trabajadores. Sin embargo, el servicio público -junto a los trabajadores metalúrgicos- es uno de los pilares de la CUT, por lo que su salida supondría un revés político.
Marinho, al igual que Lula, es un crítico recurrente del «corporativismo» de los empleados públicos, cuyos irritantes privilegios son muy superiores al de los trabajadores sindicalizados del sector privado. El líder de la CUT defiende una negociación con el gobierno para modificar los puntos resistidos por los empleados, pero rechaza reclamar que se retire el proyecto: «el que pide eso, vive en la Luna».
La protesta de los empleados públicos forma parte de la resistencia que varios sectores tradicionalmente aliados al PT de Lula, e incluso dentro del propio partido, tienen ante la política económica ortodoxa que desarrolla su gobierno. Otro de esos movimientos es el de los trabajadores rurales sin tierra (MST), cuyas invasiones de haciendas -no ya de parte de campesinos sino de desempleados urbanos- crecieron 147,5% desde que Lula gobierna Brasil.




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