Fuga de película de un rehén de las FARC
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Tras huir de las FARC, el agricultor Ricardo Correa recibe auxilio de soldados en el
pueblo colombiano de Gibraltar. Su testimonio es otra evidencia de la crueldad con que
la guerrilla trata a sus rehenes.
Y Correa no dejó pasar la oportunidad. El 30 de enero sintió que los 40 guerrilleros que lo cuidaban tenían el sueño pesado. Como pudo, logró soltarse del lazo y corrió tan rápido como nunca antes lo había hecho.
Mientras huía, pensaba que su familia ya no tendría que pagar los 200 millones de pesos (unos 103.000 dólares) que las FARC exigían por su libertad, pero sentía temor al sentirse desprotegido.
«Caminaba un poco de día y otro poco de noche para no ser detectado por los guerrilleros», dice al recordar que atravesó ríos y montañas y que pasó por pequeñas aldeas en las que no se atrevió a entrar a pedir ayuda ante la posibilidad de que algunos de los lugareños estuvieran vinculados con las FARC.
El momento más crítico se presentó cuando se colgó de unas ramas para tratar de pasar un precipicio, con tan mala suerte que al llegar al otro lado se dio un fuerte golpe en la cabeza.
«Perdí mucha sangre y casi también el conocimiento», narra Correa, que en cuestión de horas vio cómo la herida se le infectaba y le producía una hinchazón en el rostro que apenas ahora comienza a ceder.
En una semana de caminata su única alimentación fue el agua de los ríos, algunas mandarinas y naranjas y, especialmente, yucas que tuvo que desenterrar para comerlas crudas.
La aventura terminó el martes, cuando pudo llegar a la población de Gibraltar, donde fue atendido. Los médicos del lugar alertaron al ejército, que el miércoles lo recogió para llevarlo a un hospital de la ciudad de Cúcuta, donde le fue diagnosticado un severo trauma craneoencefálico.
La historia de Correa recuerda a los colombianos casos similares, como el del actual ministro de Relaciones Exteriores, Fernando Araújo, quien tras permanecer secuestrado seis años pudo escapar el 31 de diciembre de 2006 y caminó por la selva durante cinco días hasta llegar a un caserío donde encontró a militares.
También viene a la memoria la odisea del policía John Pinchao, que puso punto final a más de ocho años como rehén de las FARC el 28 de abril del año pasado. Caminó por 20 días y llegó a la libertad.



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