Gesto de Bush con un viaje a Bagdad muy sorpresivo
El presidente de EE.UU., George W. Bush, realizó ayer una visita relámpago de alto impacto a Bagdad, buscando mostrar su decisión de mantener a las fuerzas militares norteamericanas en Irak, de minimizar ante el mundo la amenaza de la resistencia pro Saddam y de levantar la moral de las tropas. El viaje, motivado por la celebración del Día de Acción de Gracias, estuvo rodeado de un impresionante dispositivo de seguridad y fue mantenido en el más estricto secreto, inclusive para altos funcionarios de la Casa Blanca y la propia esposa e hijas de Bush.
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«Traigo un mensaje en nombre de Estados Unidos: les damos las gracias por su servicio, estamos orgullosos de ustedes y Estados Unidos está sólidamente detrás de ustedes», dijo Bush ante unos 600 soldados, que quedaron sorprendidos cuando el mandatario entró por una puerta lateral a un salón de la terminal aérea.
Las tropas, en su mayoría de la Primera División Blindada y de la 82ª División Aerotransportada del ejército, no tenían idea de que Bush estaría ahí.
«Sólo estaba buscando una comida caliente en algún lugar», dijo Bush. «Gracias por invitarme a cenar (...). No puedo pensar en un mejor grupo de personas para compartir la cena del Día de Acción de Gracias.»
«Ustedes están involucrados en una misión difícil. Aquellos que atacan a las fuerzas de nuestra coalición y matan a iraquíes inocentes están poniendo a prueba nuestra voluntad. Ellos esperan que salgamos corriendo», dijo.
«No avanzamos cientos de kilómetros a través del corazón de Irak, pagamos un amargo precio en bajas, derrotamos a un dictador implacable y liberamos a 25 millones de personas, sólo para retirarnos ante una banda de ladrones y asesinos.»
«Prevaleceremos. Ganaremos porque nuestra causa es justa. Ganaremos porque seguiremos a la ofensiva», agregó.
Bush también se dirigió a los iraquíes: «Tengo un mensaje para el pueblo iraquí. Tienen la ocasión de reconstruir su país. Aprovechen el momento. El régimen de Saddam Hussein se ha ido para siempre», exclamó.
Poco después, Bush estrechó las manos de los soldados, ocupó un sitio en la línea y ayudó a servir los platos de comida.
De inicio a fin, el viaje de Bush tomó unas 30 horas, de las cuales 27 las pasó en el aire. El mandatario estuvo acompañado por un puñado de asistentes, un grupo de agentes del Servicio Secreto y un pequeño grupo de periodistas, a todos los cuales se les ordenó mantener el secreto. Sólo el vicepresidente, Dick Cheney, y la asesora de Seguridad, Condoleeza Rice, estaban informados del viaje.
Bush salió de su rancho en Crawford, Texas, en un vehículo sin identificaciones y sin la usual comitiva que lo acompaña, para un viaje de 45 minutos al aeropuerto de Waco, donde abordó por la puerta trasera el avión Air Force One, un Boeing 747 que permaneció con las luces apagadas. Luego de aterrizar en la base Andrews de la fuerza aérea, en Washington, el avión entró en un enorme hangar, donde esperaba otro aparato idéntico. Bush entonces abordó la segunda aeronave para el vuelo a Bagdad.




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