Centenares de árabes empobrecidos intentan cruzar a diario un muro para conseguir algún medio de vida. Cámaras, sensores de calor humano y alambres de púa controlan que la valla no sea traspasada, pero cada noche suenan los disparos de gendarmes que aseguran que no se produzca la temida «invasión».
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Podría ser la valla que Israel ordenó construir sobre Cisjordania y que merece críticas de todo el mundo y un juicio en La Haya por causas humanitarias. Pero no. En este caso se trata del muro que separa de Marruecos a Ceuta y Melilla, dos enclaves que posee España en Africa sobre el Mediterráneo, y que constituyen para muchos africanos, árabes o no, la entrada a La Meca, que, como todos saben, queda en Europa. Pero muros, con condiciones de edificación similar a la que avanza en territorios palestinos se repiten en diversas fronteras del mundo, desde Centroamérica hasta Asia y Africa.
No sólo jóvenes marroquíes se juntan de noche sobre el Muro de Europa. Ceuta y Melilla constituyen un embudo para africanos ilusionados o desesperados. En 2003 quedaron registrados 103.000 intentos irregulares de ingreso en esas localidades, mayormente marroquíes, pero también de Africa subsahariana. José María Aznar tiene un proyecto hasta para blindar el Mediterráneo, no con ladrillos, sino con tecnología.
A Israel las críticas le llueven por el muro que les arruina la vida a cientos de miles de palestinos y que avanza sobre un territorio que no le es propio. Nada se objeta, en cambio, de las vallas que dividen desde hace décadas a Israel del Líbano y de Siria en el Norte, de Jordania en el Este y de Gaza en el Sur. Iuval Rosenberg, israelí egresado de Ciencias Políticas y de Estudios de la Tierra de Israel en la Universidad de Haifa, le indica a este diario que «en la historia de nuestro país, las vallas fueron una constante. Ya en 1921, cuando el 1 de mayo se produjo el primer ataque de palestinos a una población judía, cada nueva ciudad estuvo rodeada de vallas».
El muro israelí es de cemento en cerca de 10 por ciento de los 186 kilómetros construidos hasta ahora. El resto es una combinación de alambradas, fosas y diversas herramientas tecnológicas. «Como hay en todo el mundo; la diferencia es que en otros países se construyen para que no ingresen inmigrantes. En nuestro caso es para que no ingresen terroristas y nos maten», indica Rosenberg.
• Silencio
Arabia Saudita denunció en el juicio de La Haya que el muro en Cisjordania torna imposible la concreción del Estado palestino. Nada dijo, en cambio, de la valla que el reino wahabita de Riad construye en la frontera con Yemen en una zona considerada neutra y que incluso se mete en territorio de sus hermanos árabes y más humildes. Miles de yemenitas, uno de los pueblos más pobres del mundo, protestaron en todo el país.
Pocos lugares en el mundo son tan custodiados como la frontera entre México y Estados Unidos. La senadora Hillary Clinton no anduvo con vueltas y reclamó la «construcción de un muro» para prevenir el ingreso de terroristas, lo que motivó una queja de la cancillería mexicana. «México de ninguna manera tiene el problema del terrorismo», recordó el canciller mexicano Luis Ernesto Derbez. Los puestos de San Diego, California, y El Paso, Texas, contienen vallas infranqueables y concretamente muros en sus cercanías.
Ya desde el final del gobierno demócrata de Bill Clinton, en 1999, se aceleró la construcción de fronteras impenetrables para combatir la inmigración ilegal.
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