Hizbollah toma el control del centro de Beirut
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Combatientes del grupo proiraní Hezbollah y del Movimiento Amal
El ejército libanés, que se mantuvo al margen de la violencia político-sectaria que paraliza al país desde hace más de un año, sólo intervino cuando el edificio fue prendido fuego.
Los graves incidentes se desataron en la capital durante la noche de jueves, después de que el líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah, pronunciara un discurso en el que aseguró que la mayoría en el gobierno "declaró la guerra" a la oposición.
"Lo que estamos viviendo en Beriut es un golpe de Hezbollah contra la Constitución", señaló el líder cristiano Samir Geagea, cercano a la mayoría gobernante.
Milicianos de Hezbollah tomaron las oficinas del diario "Al Mustaqbal", que pertenece a un grupo mediático de la familia Hariri, sunnita y aliada del primer ministro proocidental Fuad Siniora.
Hariri y su principal aliado, el político druso Walid Jumblatt, estaban sitiados en sus casas por milicianos de Hezbollah, informaron fuentes gubernamentales.
Siniora y varios ministros permanecían encerrados en las oficinas del premier, rodeados por soldados y policías.
También hubo enfrentamientos en la ciudad de Trípoli, ubicada en el norte del país, entre seguidores del líder sunnita y antisirio Saad Hariri y partidarios del ex primer ministro, también sunnita, Omar Karami.
Los combates generaron reacciones inmediatas de sus vecinos árabes, entre ellas las de Arabia Saudita y Jordania, que apoyan al gobierno de Siniora y exigieron que se convoque a una reunión de urgencia de la Liga Arabe en El Cairo.
Según las informaciones de diplomáticos árabes, Arabia Saudita mantuvo en los últimos días conversaciones secretas con Irán para lograr una tregua a la violencia.
Por la violencia, el aeropuerto internacional de Beirut se encuentra virtualmente cerrado, mientras que varias de las principales autopistas en torno a la capital estaban cortadas en distintos puntos por piquetes.
La crisis es la peor desde la última guerra civil, que entre 1975 y 1990 dejó más de 150.000 muertos.




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