6 de diciembre 2006 - 00:00

Inglaterra: hallan rastros radiactivos en estadio de fútbol tras la muerte del ex espía ruso

El nuevo estadio del Arsenal
El nuevo estadio del Arsenal
Rastros del isótopo radiactivo polonio 210 fueron hallados en el estadio del club londinense Arsenal, donde se jugó un partido al que asistió uno de los personajes centrales del caso de un ex espía ruso muerto envenenado con esa sustancia, informó hoy el gobierno británico.

Esa figura clave, el también ex espía ruso Andrei Lugovoi, asistió a un partido entre el CSKA de Moscú y el Arsenal el 1 de noviembre pasado, poco después de reunirse en Londres con el ex agente de la KGB Alexander Litvinenko, quien tres semanas más tarde falleció en la capital británica envenenado con polonio 210.

El propio Lugovoi informó hoy que se entrevistará en carácter de "testigo clave" con agentes de la policía británica que desde hace dos días se encuentran en Moscú investigando la muerte de Litvinenko.

"Se me informó oficialmente que la reunión con detectives de Scotland Yard tendrá lugar hoy y se realizará con la participación de empleados de la oficinal del fiscal general ruso", explicó Lugovoi.

Una cadena de noticias estadounidense afirmó que la policía británica considera a Lugovoi sospechoso de la muerte de Litvinenko, quien antes de morir acusó al presidente Valadimir Putin de haberlo envenenado.

Sin embargo, Alexander Goldfarb, un amigo del fallecido espía manifestó sus "francas dudas" sobre la culpabilidad de Lugovoi.

La radiación encontrada en el estadio del Arsenal era "apenas detectable" y no representa ningún riesgo sanitario, dijo Katherine Lewis, vocera del Organismo de Protección Sanitaria británico.

La Fiscalía General rusa afirmó ayer que cooperará con la policía británica en la investigación por el envenenamiento del ex espía ruso, que se asiló en el Reino Unido en 2001 y obtuvo su nacionalidad británica antes de morir.

Sin embargo, el fiscal general ruso aclaró que cualquier sospechoso será interrogado en presencia de policías rusos y juzgado en el país, con lo que rechazó eventuales extradiciones al Reino Unido. El caso tensó las relaciones entre Londres y Moscú, que ya estaba descontento por la decisión británica de dar asilo a un empresario crítico del Kremlin y a un enviado del separatismo checheno, además de a Litvinenko.

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