22 de agosto 2007 - 00:00

"Irnos de Irak causaría otro Vietnam"

Irnos de Irak causaría otro Vietnam
El presidente de EE.UU., George W. Bush, comparó hoy la guerra de Irak con la de Vietnam para justificar su argumento de que es necesario tener más paciencia y no cometer el error de retirarse antes de tiempo de territorio iraquí.

Tras recordar que todavía está presente el debate de cómo fueron a la guerra de Vietnam y cómo salieron, Bush tiene muy claro que "un legado inequívoco de Vietnam es que el precio de la retirada de EEUU lo pagaron millones de ciudadanos inocentes".

"Entonces como ahora, algunos argumentaron que el problema era la presencia estadounidense y que si nos retirábamos se acabarían las muertes", pero el tiempo demostró que no fue así, dijo el jefe de la Casa Blanca en un discurso ante la Convención Nacional de Veteranos de Guerra en Kansas City (Misuri).

Es la primera vez que Bush hace una comparación tan clara con Vietnam (1960-1975), un conflicto que marcó a toda una generación de estadounidenses y que para EEUU terminó con una derrota humillante y con la pérdida de cerca de 56.000 soldados.

Ahora, el mandatario estadounidense ha dejado a un lado sus reticencias a recordar lo ocurrido hace más de 30 años, para evitar lo que él considera que serían consecuencias "devastadoras".

Hay que aprender las lecciones de la historia aplicables a nuestro tiempo y tener en cuenta lo que dicen, no solo con respecto a Vietnam, sino también a otros conflictos como la II Guerra Mundial (1939-1945) o el de Corea (1950-1953), apuntó.

También hizo hincapié en que "hay que escuchar al enemigo" y, en el caso de Irak, el enemigo dice que Estados Unidos no podrá lograr la victoria y tendrá que irse como lo hizo en Vietnam.

Citando algunas declaraciones textuales del líder de la red terrorista Al Qaeda, Osama bin Laden, y de su lugarteniente, Ayman al Zawahiri, en las que pronosticaban que Washington acabaría mal en Irak, Bush subrayó que no hay que dejar que se salgan con la suya, porque eso acarrearía un precio también para la credibilidad del país.

La solución, a su juicio, pasa por continuar la lucha hasta demostrar que en Oriente Medio puede ocurrir lo mismo que en Asia.
Y para conseguirlo, el jefe de la Casa Blanca apuesta por seguir al lado de los iraquíes y sus autoridades, incluido el primer ministro Nuri al Maliki, a quien ratificó hoy su pleno apoyo y confianza.

"Es un buen tipo, un buen hombre con un trabajo difícil y yo le apoyo", dijo el presidente, en un intento de acallar las especulaciones y las informaciones divulgadas sobre su supuesto descontento con la gestión del responsable iraquí.

No obstante, reiteró que "no son los políticos de Washington quienes tienen que decir si (Al Maliki) se mantiene en su cargo", sino "los iraquíes, que ahora viven en democracia y no en una dictadura".

Es un mensaje similar, pero mucho más claro al que Bush lanzó este martes en rueda de prensa desde Montebello (Canadá), donde no solo no mencionó explícitamente su apoyo al gobernante iraquí, sino que reconoció que sentía cierta frustración con el liderazgo actual en Irak.

Sus palabras dieron pie a todo tipo de especulaciones, y más después de que algunos responsables políticos, -como el presidente del Comité de Fuerzas Armadas del Senado, el demócrata Carl Levin-, abogasen por la destitución de Al Maliki y lo que queda de su gobierno.

La falta de avances del gobierno iraquí es, para muchos líderes de la mayoría demócrata en el Congreso, una prueba más del fracaso de la nueva estrategia para Irak, que Bush puso en marcha en enero pasado y que supuso el envío de unas 30.000 tropas adicionales al país árabe.

La clave para demostrar si ha sido o no un fracaso parece estar en el tan esperado informe que el máximo responsable de las fuerzas estadounidenses en Irak, el general David Petraeus, presentará al Congreso y a la Casa Blanca en septiembre próximo.

Algunos medios de comunicación han adelantado ya que ese informe revelará algunos progresos en el ámbito de la seguridad y muy pocos en el político, y que Petraeus recomendará una redistribución de las tropas desplegadas, pero no un recorte de las mismas.

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