Jerusalén (AFP, ANSA) - El primer ministro israelí, Ariel Sharon, logrará seguramente la reelección en las elecciones parlamentarias de hoy, pero corre el riesgo de encontrarse al frente de una mayoría limitada a la derecha y grupos ultrarreligiosos, lo que dificultaría la gobernabilidad, más aún teniendo en cuenta el escepticismo creciente en la sociedad a la hora de ver soluciones tanto para el conflicto con los palestinos como para afrontar una situación económica complicada.
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Los últimos sondeos publicados ayer anticipan una amplia victoria del derechista Likud, que obtendría entre 30 y 34 bancas, contra 19 en el Parlamento saliente, lejos delante del Partido Laborista, que conseguiría 18 o 19 diputados, un retroceso en comparación a los 25 electos de 1999. El laborismo postula al pacifista Amram Mitzna, el alcalde de Haifa que debió luchar tanto contra el desconocimiento de su figura entre el electorado como contra su poco carisma y la frustración de la centroizquierda ante la eternización del conflicto con los palestinos.
El futuro del gobierno se vería complicado con la magra elección laborista, partido con el que Sharon conformó un gobierno de unidad hasta hace pocos meses -cuyo quiebre motivó la disolución del Knesset y el llamado a elecciones-, y que disputa en esta elección el tercer lugar con el partido laico antirreligioso Shinui, encabezado por Tommy Lapid, de 71 años.
Incluso Mitzna descartó categóricamente un nuevo cogobierno, por lo que los ortodoxos del partido Shass y otros ubicados aun más a la derecha de Sharon se presentan como los aliados posibles, como el partido Unión Nacional, cuyo candidato es el antiárabe Avigdor Lieberman, inmigrante de Moldavia.
• Mediación
Sharon declaró tras la salida socialista que no es admisible someterse al «chantaje» de la extrema derecha, resueltamente opuesta a la creación de un Estado palestino.
Para Asher Arian, profesor de la Universidad de Haifa, una posición más cercana al centro político ayudará a Sharon a negociar con los representantes de Estados Unidos y la Unión Europea que intentan mediar en el conflicto palestino, que se presenta catastrófico para la economía de la región, en especial para los palestinos. «Si el final de la fase militar del conflicto en Irak lleva a los norteamericanos a la conclusión de que deben tener el apoyo de los países árabes moderados, entonces un gobierno de derecha no ayudará a Sharon», agregó Arian.
Con este panorama, Sharon debe que una derrota del Partido Laborista provoque el reemplazo de Mitzna por un dirigente menos díscolo.
Por su parte, el antiortodoxo Lapid, ex director del diario «Maariv» y de varios programas de televisión, considera «parásitos» a los ultrarreligiosos, impulsa la eliminación de los subsidios y violar normas sagradas del shabat, como la prohibición de circulación de transporte público. El Shinui -cambio en hebreo- se opone también al beneficio de los religiosos que no deben realizar el servicio militar. Lapid, considerado dueño de una lengua viperina, sostiene posiciones de centroderecha, y sobre el tema palestino cree que hay que dialogar, pero no con Yasser Arafat, a quien ya no le reconoce autoridad.
Ayer, el problemático líder palestino recibió una nueva embestida interna, en este caso de los movimientos integristas Hamas y Yihad, que desconocieron la representación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).
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