Tokio (EFE, Reuters, AFP) - La dimisión ayer del ministro de Defensa japonés, Fumio Kyuma, por calificar de «inevitables» las bombas atómicas de EE.UU. sobre su país asestó un nuevo golpe al primer ministro, Shinzo Abe, a menos de un mes para los cruciales comicios al Senado.
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La salida del titular de Defensa se produce en un momento difícil para el gobierno, que afronta las elecciones parciales a la Cámara alta del próximo 29 de julio en su momento de aprobación popular más bajo desde que Abe se convirtió en primer ministro en setiembre de 2006.
La marcha de Kyuma se suma a otros escándalos que han dañado la imagen del principal grupo de la coalición gobernante, el Partido Liberal Demócrata (PLD) liderado por Abe.
«No quería tener ningún impacto sobre las elecciones a la Cámara alta, eso era lo que más me preocupaba», explicó ante los medios de comunicación Kyuma, con casi 30 de sus 66 años en política, tras presentar su dimisión «voluntaria» al primer ministro.
Pero las críticas al gabinete de Abe no dejaron de sucederse desde que el ya ex ministro de Defensa realizase sus polémicas declaraciones el pasado sábado, a pesar de que se retractó y pidió disculpas al día siguiente.
El ex ministro calificó de «inevitable» que EE.UU. lanzara las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki durante la II Guerra Mundial para evitar que la Unión Soviética entrase en la batalla del Pacífico e intentase invadir alguna isla del archipiélago japonés.
Indignación
Kyuma señaló además que las bombas, que acabaron con la vida de unas 280.000 personas, consiguieron «acelerar el final de la guerra», a pesar de estar convencido de que EE.UU. no las necesitaba para ganar la contienda.
Tanto la oposición como los grupos de víctimas de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, hasta incluso sus propios compañeros de partido, mostraron su indignación por las manifestaciones de Kyuma.
Horas antes de hacerse pública la salida del ministro de Defensa, Toshiko Hamayotsu, responsable en funciones del Nuevo Komeito, el socio del PLD en el gobierno, pidió públicamente la dimisión de Kyuma para que asumiese el precio político por sus declaraciones.
Incluso el propio Shinzo Abe se vio obligado a posicionarse y aseguró que le había pedido a Kyuma que tuviese cuidado «de no hacer declaraciones que se puedan prestar a malentendidos», aunque entonces descartó la posibilidad de una dimisión que tardó menos de un día en producirse.
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