Japón: escándalo de dos ministras puso en aprietos al premier
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Shinzo Abe, primer ministro de Japón, al momento de pedir disculpas.
La ministra Obuche agregó que se tomó muy en serio el impacto que generó sobre la cosa pública.
Algunas horas más tarde, la ministra de Justicia Matsushima fue vista salir del despacho de Abe con rostro triste.
Luego, Abe difundió los nombres de las ministras reemplazantes: en Industria Yoichi Miyazawa, legisladora liberal-demócrata y en Justicia la experimentada política Yoko Kamikawa, de 61 años.
Para Abe, conservador liberal con una fuerte vena nacionalistas, se trata de primer obstáculo en menos de dos meses de vida de su segundo gobierno, luego de que el primero, en 2006/07, fuera deshecho por una cadena de escándalos.
Empero, sobre todo la pérdida de Obuchi es un golpe a su estrategia de gobierno. Abe cree que las mujeres en posiciones clave de poder e influencia son fundamentales para "realizar una sociedad en la cual las mujeres puedan brillar" agregando que cuenta con el "viento de cambio que puedan traer estas mujeres".
Empero, la figura que funcionaba como perno de su "womenomics" era la joven ministra Obuchi, por dos motivos: la posición que ella ocupaba en el gobierno quería ser un estímulo a las empresas, para que valoren a las mujeres en roles de peso -Abe quiere que 30% de los cargos sean para mujeres- y a la sociedad en general, para que promueva el mercado de trabajo femenino y fortalecer una fuerza de trabajo que se debilita bajo el peso del envejecimiento y la declinación demográfica de Japón.
Además, contaba con Obuchi para que encontrara las palabras justas para "reconvertir" a la opinión pública japonesa a la energía nuclear, luego del shock del terremoto/tsunami de marzo de 2011 y el accidente nuclear en Fukushima.
En tanto, tambalean otras tres de las siete ministras: la encargada del delicado tema de los japoneses secuestrados por Corea del Norte, Eriko Yamatani; la de Interior y Comunicaciones, Sanae Takaichi, y la de Promoción de la Mujer, la cuarentona Hariko Arimura, todas fotografiadas en el santuario de guerra Yasakuni, que alberga en Tokio los restos de algunos criminales de guerra y cuya visita por parte de políticos japoneses irrita cada vez más a China.



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