29 de octubre 2003 - 00:00

Jueces admiten error con preso ejecutado

Londres (EFE, ASN) - Tres jueces británicos pidieron ayer perdón por la «injusticia» cometida hace más de medio siglo con un preso, que fue ejecutado en el Reino Unido por un asesinato que, según siempre mantuvo su familia, no cometió.

George Kelly
, de 27 años, fue colgado el 28 de marzo de 1950 por el asesinato del gerente de un cine y de su ayudante en Liverpool (norte de Inglaterra), durante un robo fallido ocurrido en marzo de 1949.

El entonces ministro del Interior rechazó una petición de indulto y el preso fue ejecutado, después de que la policía ocultase durante su juicio la declaración de un testigo que lo exculpaba del llamado «crimen del Cameo».

Ayer, tres jueces de la Corte de Apelaciones de Londres, que en junio pasado calificaron de «aventurada» la condena de Kelly, admitieron que se produjo «una injusticia» en este caso, que, según dijeron, «debe lamentarse profundamente».


Junto a él fue juzgado Charles Connolly, quien se salvó de la horca al admitir su participación en el robo y declararse no culpable del cargo de asesinato. Su condena de diez años de cárcel también ha sido anulada.

La absolución póstuma de George Kelly corrió a cargo de tres jueces del Tribunal de Apelaciones de Londres, donde reclamó la familia del ejecutado.

En su explicación de la decisión, uno de los magistrados, Bernard Rix, indicó que el crimen del Cameo sigue sin resolver, pero que lo sucedido nunca debió ocurrir.

«Habiendo considerado que hubo una anomalía en la administración de justicia y un fallo para asegurar un juicio justo, consideramos que la consecuencia fue una injusticia, que debe lamentarse profundamente», señaló Rix.

En su momento, el caso llegó a ser el más famoso de la historia judicial de Inglaterra. Un récord de 65.000 personas fueron interrogadas y las audiencias se desarrollaron durante trece días, algo nunca visto en aquella época, y hasta el jurado debió ser destituido por su imposibilidad de emitir un veredicto.

La apelación, que no se permitió en 1950, fue aceptada más de cuarenta años después al descubrirse en 1991 una declaración a la policía que nunca salió a la luz en el momento del juicio. En ella, un testigo de la acusación declaraba que un hombre llamado Donald Johnson le había confesado ser el autor del crimen.

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