Junta militar birmana reprime las protestas y provoca ocho muertos
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Uno de los monjes que participaban de la protesta, llamada «Revolución Azafrán», huye
de los disparos de los militares, que gobiernan Birmania (Myanmar) desde hace 45 años.
Las marchas son las más fuertes desde 1988.
A pesar de los disparos y de la brutalidad de la policía, unos 1.000 monjes consiguieron volver a reunirse en otro punto de Rangún, la antigua capital. Los monjes intentaron dirigirse a la residencia de la gran dirigente opositora, la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, de 62 años, en arresto domiciliario desde 2003.
El primer ministro del gobierno birmano en el exilio, Sein Win, afirmó en París que la opositora había sido trasladada a una prisión el domingo, aunque otras fuentes en el interior del país desmintieron esa hipótesis.
Mientras desfilaban hacia el domicilio de la histórica dirigente, los monjes pidieron a la muchedumbre que se mantuviera alejada. «Por favor no se unan a nosotros. Nosotros nos ocuparemos de ello. No hagan nada violento», pidieron.
El partido de Suu Kyi, la Liga Nacional para la Democracia (LND), declaró que el régimen militar había cometido «un error irreparable» al atacar a manifestantes pacíficos.
Otras 10.000 personas protestaron en Mandalay, la segunda ciudad del país -también bajo toque de queda-, y 10.000 más se manifestaron en la noroccidentaly costera Sittwe, pero no hubo represión en ninguno de estos casos.
La Unión Europea (UE) y Estados Unidos, así como el G-8, condenaron enérgicamente la reacción de la junta militar, y pidieron a países vecinos como China (el principal aliado de Birmania) que presionen al régimen.
El secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, anunció que mandaría urgentemente un enviado especial, Ibrahim Gambari, y conminó a los militares birmanos a que le brinden «total cooperación».



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