22 de junio 2024 - 00:00

La increíble historia del estafador que vendió el Puente de Brooklyn, la Estatua de la Libertad y el Madison Square Garden

George C. Parker desde joven mostró un talento innato para el arte del engaño. Sus habilidades como estafador lo convirtieron en una figura notoria a finales del siglo XIX y principios del XX.

Parker vendía el puente con una regularidad sorprendente, utilizando documentos falsificados y un ingenio inigualable.
Parker vendía el puente con una regularidad sorprendente, utilizando documentos falsificados y un ingenio inigualable.

En la vasta y colorida historia de los estafadores americanos, pocos nombres resuenan tanto como el de George C. Parker. Conocido por sus audaces y creativos engaños, Parker se ganó un lugar en la infamia al convertirse en el hombre que, literalmente, vendió el Puente de Brooklyn.

Un maestro del engaño

George C. Parker nació en 1860 en Nueva York. Desde joven mostró un talento innato para el arte del engaño. Sus habilidades como estafador lo convirtieron en una figura notoria a finales del siglo XIX y principios del XX. La estafa más famosa de Parker fue la venta repetida del Puente de Brooklyn, uno de los íconos arquitectónicos más reconocibles de Nueva York.

Parker vendía el puente con una regularidad sorprendente, utilizando documentos falsificados y un ingenio inigualable. Convencía a sus víctimas de que podían establecer casetas de peaje en el puente y ganar fortunas. Se estima que intentó vender el puente al menos dos veces por semana, logrando convencer a varios incautos de que eran los legítimos propietarios de esta magnífica estructura.

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A pesar de su habilidad para el engaño, la suerte de Parker finalmente se agotó. Fue arrestado en múltiples ocasiones, y en 1928, fue condenado a cadena perpetua por fraude. Pasó el resto de su vida en la prisión de Sing Sing, donde murió en 1936.

A pesar de su habilidad para el engaño, la suerte de Parker finalmente se agotó. Fue arrestado en múltiples ocasiones, y en 1928, fue condenado a cadena perpetua por fraude. Pasó el resto de su vida en la prisión de Sing Sing, donde murió en 1936.

El arte de la venta falsa

Para sus estafas, Parker creaba documentos falsos, títulos de propiedad y credenciales que parecían legítimos. Utilizaba una variedad de alias y se presentaba como un hombre de negocios exitoso. Además del Puente de Brooklyn, Parker también intentó vender otros monumentos neoyorquinos, como la Estatua de la Libertad, el Museo Metropolitano de Arte y el Madison Square Garden.

Sus métodos eran tan sofisticados que muchas de sus víctimas no sospechaban nada hasta que intentaban ejercer sus supuestos derechos de propiedad. En uno de sus golpes más audaces, Parker llegó a vender el Puente de Brooklyn a un empresario que intentó instalar un peaje el mismo día de la compra, solo para ser arrestado por la policía.

La caída de un estafador

A pesar de su habilidad para el engaño, la suerte de Parker finalmente se agotó. Fue arrestado en múltiples ocasiones, y en 1928, fue condenado a cadena perpetua por fraude. Pasó el resto de su vida en la prisión de Sing Sing, donde murió en 1936.

El legado de Parker perdura como un recordatorio de los extremos a los que pueden llegar los estafadores y la importancia de la vigilancia y la desconfianza saludable en el mundo de los negocios. Sus estafas no solo expusieron la credulidad humana, sino también la necesidad de verificar y cuestionar la autenticidad de las ofertas demasiado buenas para ser verdad.

Lecciones de historia

La historia de George C. Parker sigue siendo relevante hoy en día, en una era donde el fraude y las estafas continúan evolucionando con la tecnología. Aunque los métodos de los estafadores han cambiado, la esencia del engaño sigue siendo la misma. Parker, con su audacia y creatividad, nos recuerda que siempre debemos estar atentos y ser críticos ante las ofertas que parecen demasiado buenas para ser reales.

En la actualidad, su nombre es sinónimo de audacia y engaño, un recordatorio de que, en el mundo de las estafas, incluso los más brillantes pueden caer.

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