7 de septiembre 2010 - 22:59

La primer ministro interina de Australia retiene el poder pero queda con poco margen de acción

La jefa de gobierno, Julia Gillard, consiguió formar gobierno gracias al apoyo que le brindaron dos diputados. independientes
La jefa de gobierno, Julia Gillard, consiguió formar gobierno gracias al apoyo que le brindaron dos diputados. independientes
La primera ministro interina de Australia, Julia Gillard, consiguió retener el poder para formar un Gobierno de minoría con el apoyo dado a su Partido Laborista por un diputado de los Verdes y otros tres independientes.

Gillard y su formación de centroizquierda gobernarán el país con 76 escaños, con dos más de los que tendrá la coalición conservadora que de nuevo ejercerá la oposición en el Parlamento federal, donde las fuerzas estarán casi igualadas y una sola deserción en las filas laboristas puede acarrear la caída del Ejecutivo.

Los diputados independientes Rob Oakeshott y Tony Windsor, fueron quienes dieron el respaldo definitivo al Partido Laborista, falto de esos dos escaños que precisaba para alcanzar la cifra de 76 del total de 150 que componen el Parlamento y evitar una derrota, el empate con los conservadores, o la celebración de nuevas elecciones.

Poco antes de que los parlamentarios anunciasen su decisión en rueda de prensa, Bob Katter, el otro diputado electo que negoció con los dos mayores partidos políticos a la vez, anunció su respaldo a la coalición conservadora formada por los partidos Liberal y Nacional encabezada por Tony Abbott.

Las decisiones de los tres diputados pusieron fin a las intensas negociaciones que comenzaron después de que ni el Partido Laborista ni la coalición conservadora consiguieran los 76 escaños necesarios para gobernar en solitario, en las elecciones generales celebradas el pasado 21 de agosto.

En conferencia de prensa, Oakeshott y Windsor, explicaron con detalle el proceso de negociaciones seguido durante los últimos 18 días y las razones por las que decidieron apoyar al partido de Gillard, quien corría el riesgo de perder el cargo que asumió hace unos dos meses y medio.

Gillard, de 48 años y la primera mujer que gobierna Australia, arrebató el pasado 24 de junio la jefatura del Ejecutivo y de las filas laboristas a Kevin Rudd, a raíz de la revuelta interna surgida en el partido por el descontento que motivó la fuerte caída de la popularidad del entonces primer ministro.

Los diputados dijeron que sus principales objetivos eran aprovechar la ventaja ofrecida para la Australia rural y asegurar al máximo que el país tenga un Gobierno estable, aunque no descartaron apoyar una moción de censura o retirar su apoyo al Partido Laborista "en caso de circunstancias excepcionales".

La primera ministra en funciones confirmó en rueda de prensa, que había asegurado a los dos diputados independientes, que el Gobierno laborista invertirá 10.000 millones de dólares australianos (u$s 9.000 millones) en el medio rural, y ofrecido a Oakeshott un cargo en el Ejecutivo.

"El Partido Laborista está preparado para gobernar y ofrecer un ejecutivo estable, seguro y eficaz durante los próximos tres años. Se nos pedirán más responsabilidades que a cualquier otro gobierno", dijo Gillard.

La reelegida gobernante cree que el ajustado resultado electoral demuestra que los australianos quieren que el Gobierno laborista y la oposición conservadora "encuentren puntos en común y trabajen de manera constructiva".

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