La propaganda humana copa calles paulistas
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Un «militante a sueldo» espera que comience
un acto de Geraldo Alckmin. La decisión
de la Justicia de impedir afiches en los espacios
públicos generó muchos empleos.
Es que los candidatos más atentos a la productividad de sus trabajadores les llegan a descontar hasta 5 reales (casi 3 dólares) por cada desatención. ¿Y si llueve? Los «militantes» cuentan que tienen derecho a un pilotín de plástico, pero que deben permanecer en sus puestos si quieren cobrar.
Una cuadra más arriba, la avenida le pertenece a la también postulante a diputada Valentina Caram, del Partido del Frente Liberal y quien apoya a nivel nacional a Geraldo Alckmin. Reginaldo, repartidor de volantes, asegura ganar 340 reales por mes (155 dólares). Lo mismo que Samuel, quien enarbola una bandera y, de modo poco convincente, se declara dispuestoa votar por la candidata. «¿Cómo llegué aquí? Un asesor de Valentina vive en mi misma calle», dice.
En el centro viejo paulistano el panorama es el mismo. Charles da a entender que los socialdemócratas de Alckmin, cuyo bastión es justamente esta ciudad, son los que mejor pagan: 400 reales por mes, incluyendo 150 para alimentación y viáticos (un total de 180 dólares), por trabajar de 7 de la mañana a 3 de la tarde. El acuerdo de Oseas es similar, aunque cobra por día.
Los candidatos que tienen menos dinero colocan carteles en caballetes y usan a sus « militantes» para moverlos de vez en cuando y no quedar expuestos a las multas. Pero estas penalidades no son su único peligro: al no poder contratar tanta gente, dejan sus carteles a merced de los predadores electorales de la competencia, como es el caso de un candidato a diputado estadual por el Partido Verde que posa sonriente junto a sus perros y se presenta como «el defensor de los animales». Realmente, oferta no falta en este mercado persa.
Otra modalidad de propaganda son los avisos en los diarios. Aunque la publicidad callejera será permitida hasta mañana, este tipo de propaganda tuvo ayer su último día.
Será que, muchas veces, lo que más se declama es aquello de lo que más se carece. Por eso, no sorprende que una miríada de esos candidatos de todos los niveles, ignotos en su gran mayoría, se promocionen haciendo alarde de moralidad en pequeños avisos en color o en blanco y negro, que los medios gráficos agrupan como si fueran televisores puestos en oferta por casas de electrodomésticos. «Haga justicia con su voto»; «Basta. Vote honestidad»; «El político debe tener pasado»; «Por la ética en la política»; son algunos de los eslóganes con los que intentan venderse.




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