29 de septiembre 2006 - 00:00

La propaganda humana copa calles paulistas

Un «militante a sueldo» espera que comienceun acto de Geraldo Alckmin. La decisiónde la Justicia de impedir afiches en los espaciospúblicos generó muchos empleos.
Un «militante a sueldo» espera que comience un acto de Geraldo Alckmin. La decisión de la Justicia de impedir afiches en los espacios públicos generó muchos empleos.
San Pablo (enviado especial) - «Ni loca voy a votar por él. Es más, voy a anular mi voto. Todos los políticos son ladrones. Esto es sólo un trabajo.» La joven, que habla libremente a condición de no decir su nombre, revela uno de los aspectos más curiosos de la campaña electoral brasileña, que terminó ayer: la gran proliferación de personas que cobran por levantar banderas, sostener carteles o repartir panfletos de los candidatos en cada esquina.

La decisión de la Justicia electoral de impedir las pegatinas de afiches en las paredes, so pena de aplicar multas de hasta 25.000 dólares por infracción, abrió miles de fuentes de trabajo que durarán lo que la campaña: de ahí que muchos de estos «militantes a sueldo» hagan fuerza para que Lula da Silva no liquide el pleito el domingo y el trabajo se extienda por un mes más.

La joven de los panfletos, que consiguió el trabajo gracias a los contactos de su novio, trabaja en una esquina de la Avenida Paulista, el corazón financiero y empresarial de esta ciudad (y del país), que impacta por su sucesión de altos edificios espejados pertenecientes a los principales bancos y compañías. Ella hace campaña para el candidato a diputado federal Michel Temer, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, la poderosa maquinaria electoral de tendencia conservadora (llamarlo partido sería abusivo).

Además de la decepción con todo y con todos, otro de los motivos para no votarlo es --diceque «si paga lo que paga ahora, que es candidato y está en tiempo de prometer, no quiero imaginarme lo que haría con los trabajadores si gana».

En la misma zona de la avenida, otros « correligionarios» levantan banderas o sostienen carteles. Uno de ellos es Tiago, quien dice ganar 25 reales por semana (12 dólares).

Como la Justicia electoral impide que los carteles estén fijos, cada vez que un fiscal llega de visita todos se ponen de inmediato en movimiento. ¿Por qué quienes hacen propaganda por cada candidato se agrupan en las mismas esquinas o cuadras, sin ir más allá ni mezclarse con los de otras listas? No es para evitar conflictos (no hay un entusiasmo que los justifique), sino por estrategia de quienes pagan: los ojos de cada uno de los militantes a sueldo complementan la vigilancia de los delegados de los partidos, que velan porque el trabajo sea hecho en forma.

Es que los candidatos más atentos a la productividad de sus trabajadores les llegan a descontar hasta 5 reales (casi 3 dólares) por cada desatención. ¿Y si llueve? Los «militantes» cuentan que tienen derecho a un pilotín de plástico, pero que deben permanecer en sus puestos si quieren cobrar.

Una cuadra más arriba, la avenida le pertenece a la también postulante a diputada Valentina Caram, del Partido del Frente Liberal y quien apoya a nivel nacional a Geraldo Alckmin. Reginaldo, repartidor de volantes, asegura ganar 340 reales por mes (155 dólares). Lo mismo que Samuel, quien enarbola una bandera y, de modo poco convincente, se declara dispuestoa votar por la candidata. «¿Cómo llegué aquí? Un asesor de Valentina vive en mi misma calle», dice.

En el centro viejo paulistano el panorama es el mismo. Charles da a entender que los socialdemócratas de Alckmin, cuyo bastión es justamente esta ciudad, son los que mejor pagan: 400 reales por mes, incluyendo 150 para alimentación y viáticos (un total de 180 dólares), por trabajar de 7 de la mañana a 3 de la tarde. El acuerdo de Oseas es similar, aunque cobra por día.

Los candidatos que tienen menos dinero colocan carteles en caballetes y usan a sus « militantes» para moverlos de vez en cuando y no quedar expuestos a las multas. Pero estas penalidades no son su único peligro: al no poder contratar tanta gente, dejan sus carteles a merced de los predadores electorales de la competencia, como es el caso de un candidato a diputado estadual por el Partido Verde que posa sonriente junto a sus perros y se presenta como «el defensor de los animales». Realmente, oferta no falta en este mercado persa.

Otra modalidad de propaganda son los avisos en los diarios. Aunque la publicidad callejera será permitida hasta mañana, este tipo de propaganda tuvo ayer su último día.

Será que, muchas veces, lo que más se declama es aquello de lo que más se carece. Por eso, no sorprende que una miríada de esos candidatos de todos los niveles, ignotos en su gran mayoría, se promocionen haciendo alarde de moralidad en pequeños avisos en color o en blanco y negro, que los medios gráficos agrupan como si fueran televisores puestos en oferta por casas de electrodomésticos. «Haga justicia con su voto»; «Basta. Vote honestidad»; «El político debe tener pasado»; «Por la ética en la política»; son algunos de los eslóganes con los que intentan venderse.

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