La UE frenó importación de carne de cuatro empresas involucradas en el escándalo de Brasil
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Lo anunció Enrico Brivio, portavoz de Seguridad Alimentaria de la Unión Europea.
El ministro de Agricultura, Blairo Maggi, declaró que si esas suspensiones se tornan permanentes eso será "un desastre" para la economía, pues las exportaciones representan "14.000 o 15.000 millones de dólares".
Maggi dijo que entendería que Chile cerrara las importaciones de los 21 frigoríficos sospechosos de haber vendido productos averiados, pero advirtió que no se quedará de brazos cruzados si el bloqueo es total. "Si tuviera que tener una reacción más fuerte con Chile, la tendré sin duda alguna", declaró ante la prensa en Brasilia.
"También somos grandes importadores de productos chilenos, como peces, frutas, manzanas- Y hay productores brasileños que viven reclamando que deberíamos crear barreras" contra eso, dijo el ministro.
"Si tuviera que tener una reacción más fuerte para proteger al mercado brasileño, lo haré con total tranquilidad", prosiguió.
El ministro anunció que China, principal socio comercial de Brasil, pidió explicaciones y detuvo los embarques destinados a su país por prevención.
Antes se había manifestado Corea del Sur, otro gran importador, a través de un vocero de su Ministerio de Agricultura, en Seúl, que informó sobre la suspensión de la importación de pollo brasileño.
Del pollo que importa Corea del Sur, 80% proviene de Brasil y la mitad de esta cantidad la produce BRF.
Bruselas no cuenta por el momento con más información acerca de la cantidad de carne que exportaban a la UE estas empresas ni del tipo de productos, aunque podría tratarse mayoritariamente de carne bovina y no de ave como se apuntaba en un primer momento.
En 2016, la UE importó 65 millones de kilos de carne bovina brasileña, por valor de 449 millones de euros.
El país sudamericano es el mayor exportador mundial de carne bovina y de pollo, el cuarto en el segmento de cerdos.
Las ventas externas de esos tres tipos de carne representaron en 2016 el 7,2 % de ese comercio, con 11.600 millones de dólares, siendo la UE el principal comprador.
El escándalo ha revelado una mafia integrada por agentes públicos y directivos de empresas que adulteraban carnes ya caducadas y las remitían a los mercados, tanto locales como externos.
Esas prácticas implicaban el uso de químicos para mejorar el aspecto de las carnes, la falsificación de etiquetas con la fecha de caducidad o la utilización de alimentos no adecuados para el consumo en la elaboración de embutidos, entre muchas otras irregularidades.
Por ese asunto han sido suspendidos 33 fiscales del Ministerio de Agricultura y han sido detenidos en forma preventiva una veintena de directivos de empresas y fiscales del área de vigilancia sanitaria.
Los productores europeos, representados por el Comité de organizaciones agrarias y cooperativas comunitarias (Copa-Cogeca), han pedido a raíz del escándalo "salvaguardar los estándares de seguridad".
También piden que los países del Mercosur, entre los que se incluye Brasil y con los que la UE negocia un acuerdo comercial, aseguren "la trazabilidad de la ganadería".
"Estos países no tienen los mismos estándares que nosotros", subrayaron.
El portavoz comunitario de Comercio, Daniel Rosario, aseguró que el futuro acuerdo comercial "no va a debilitar sino reforzar" las "exigentes normas de calidad y seguridad alimentaria" de la UE.
Los intercambios con el país no se rigen actualmente por ningún acuerdo concreto sino por las normas internacionales de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Según Rosario, con la consecución de este acuerdo "la exportación tendrá que responder a normas muy elevadas en términos de calidad alimentaria, impuestas por la UE con un sistema de certificación y control asociado".




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