2 de septiembre 2004 - 00:00

Las causas de la tragedia chechena

Las causas de la tragedia chechena
Rusi no consigue sacarse la piedra -convertida ya en sólida montaña-que tanto le duele al caminar. El petróleo, siempre en el fondo de los conflictos más sangrientos e interminables, asoma la cabeza también en el caso de Chechenia, en cuanto se escarba mínimamente en un conflicto independentista que comenzó en el siglo XVIII con el imperialismo zarista y que hoy continúa cobrándose cientos de vidas en la guerra abierta que sigue librando con Rusia --10% de la población ha muerto en los últimos nueve años-.

Más de 200.000 refugiados chechenos malviven en la actualidad en campos de la vecina Ingushia, a merced no sólo de la extrema climatología --temperaturas inferiores a 20 grados bajo cero en invierno y asfixiante calor en veranosino también del terror generado por los soldados rusos y los rebeldes, indistintamente. Secuestros, saqueos, incendios, violaciones y la colocación indiscriminada de minas antipersonales transforman en un infierno la ya de por sí mísera existencia de estos exiliados. Las muertes exceden el cuarto de millón desde que en 1994 Rusia desplegara todo su potencial bélico en esta zona del Cáucaso norte.

El control de los oleoductos que atraviesan esta república transportando el petróleo de los campos de la región del Mar Caspio protagonizan un tira y afloja entre EE.UU., más los países occidentales con intereses en la zona, y Rusia.
Cuando, a finales de 1991, el general
Dzhojar Dudayev fue elegido presidente de la República Chechena con la participación sólo de este país -53% del total-en el referéndum, no todo el pueblo apoyaba la independencia. Pero la intervención rusa de 1994 unificó el sentimiento antirruso.

Mientras la situación militar se enquista, la economía se desploma y pasa a ser controlada por mafias y señores de la guerra que arrastran al país a la ruina. El recuerdo de la deportación a que fue sometido el pueblo checheno --alrededor de 400.000 personas-por Stalin bajo la acusación de haber colaborado con Hitler durante la Segunda Guerra Mundial, aún está fresco y contribuye a alimentar el odio por un enemigo que no logra controlar la contienda en que se ha metido.

En 1996, el general ruso Alexander Lebed y el futuro presidente de Chechenia, Aslan Masjadov, firmaron un acuerdo de paz en el que no se resolvieron las relaciones constitucionales entre ambas partes. Tras dos años de profunda inestabilidad, en 1999, Masjadov instauró el régimen islámico para adelantarse a sus rivales internos y Rusia volvió a intervenir con la intención de aplastar de una vez por todas la resistencia chechena. En octubre de 2002, el fracaso de las tácticas de Putin quedó confirmada con el asalto al teatro de Moscú y llevó a primera plana la necesidad de solucionar esta sangría envueltaya en un odio irracional. Durante 2003, los atentados, secuestros y emboscadas de la guerrilla chechena fueron constantes. Incluso el presidente en funciones, Antoli Popov, fue envenenado misteriosamente en setiembre. En octubre de 2003, Popov cedió el puesto a Ahmad Kadirov, candidato del Kremlin que obtuvo más de la mitad de los 462.000 votos registrados en las elecciones, pero, el 9 de mayo de 2004, Kadirov murió al explotar una bomba en un estadio de Grozni, donde presenciaba un acto oficial. Su sucesor, Serguei Abramov -presidente interino hasta las elecciones del último domingo, en las que resultó elegido el prorruso Alu Aljanov-, también estuvo en el punto de mira de los rebeldes chechenos, que atentaron contra él el 13 de julio de 2004. La guerra continúa.

Dejá tu comentario

Te puede interesar