Libro escandaliza ahora a Tony Blair
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La reacción más airada vino del titular de Relaciones Exteriores, Jack Straw, un ministro descrito en «DC Confidential» como «pigmeo». «Es completamente inaceptable traicionar la confianza como él lo ha hecho», expresó Straw. «Esto pone en entredicho la relación clave entre los altos funcionarios y los ministros.»
Downing Street habló de «mal gusto» y Straw se refirió a observaciones «grotescas y deshonrosas». Y es que Meyer no tiene inconveniente en saltarse parte de los usos de rigor. Un buen ejemplo es la devastadora descripción de un encuentro en Camp David, la residencia de campo de los presidentes estadounidenses, entre Blair y George W. Bush.
«Bush parecía distendido», se puede leer, «llevaba lo que se adivinaba, su ropa habitual de fin de semana. Blair contrastaba con un aire forzado. Sus esfuerzos para parecer despreocupado quedaban arruinados por su incapacidad para meter las manos en los bolsillos» de un pantalón de pana demasiado apretado.




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