24 de marzo 2008 - 00:00

Líder electo de Taiwán ofrece la paz a China

Ma Ying-jeou
Ma Ying-jeou
Taipei (AFP, EFE, DPA) - El próximo presidente de Taiwán, Ma Ying-jeou, recién elegido en las urnas, dio ayer garantías de distensión a su vecina China, aunque quiere mantener la identidad de la isla sin forzar la independencia ni una reunificación.

Ma Ying-jeou, de 57 años, logró el sábado más de 58% de los votos, una abrumadora victoria que encarna la revancha del partido nacionalista Kuomintang (KMT) tras sus ocho años pasados en la oposición. El ganador, que intenta labrarse una imagen de moderado, convirtió el acercamiento al régimen comunista en la piedra angular de su programa. En esta línea, ayer señaló su intención de firmar un «tratado de paz» con China para acabar con el conflicto al que no se ha puesto fin oficialmente desde la independencia de hecho de la isla, hace casi 60 años.

«Firmaremos un tratado de paz con China», declaró durante una conferencia de prensa en Taipei. Ma, cuya investidura tendrá lugar el 20 de mayo, se declaró favorable al restablecimiento de enlaces directos y la creación de un mercado común con China, principal socio comercial de Taiwán.

Aun así, en un intento por no parecer sumiso a Pekín, que le dio su bendición, expresó su apego a la identidad de la República de China -tal el nombre oficial del país- diciendo que quiere conversar «en pie de igualdad» con China continental, país que no prevé visitar «en un futuro próximo».

Sobre el espinoso asunto de la soberanía, hizo un nuevo llamamiento a un «acuerdo de no negación» respectivo entre China y Taiwán. «No negaremos su existencia, pero no podemos reconocer su soberanía» sobre la isla, afirmó.

  • Amenaza

    Pekín califica como muy importante la reunificación con Taiwán -a la que considera una provincia rebelde- y amenaza continuamente con intervenir militarmente si ésta oficializa una independencia de hecho que se remonta a 1949, año de la revolución comunista en el continente.

    En aquel año, las fuerzas nacionalistas del jefe del Kuomintang, Chiang Kai Shek, derrotadas por los comunistas, se refugiaron en Taiwán, donde establecieron las instituciones de la República de China, mientras los comunistas fundaban en el continente la República Popular de China (RPC). Cada bando pretende ser el único depositario de la soberanía nacional. En 1992 se alcanzó un consenso sino taiwanés que ratificaba el principio de la «China única», una fórmula lo suficientemente equívoca como para ser interpretada de distinta manera por las partes.

    Las elecciones presidenciales se celebraron bajo la mirada escrutadora de China, y también de Estados Unidos, que reconoce a la China comunista al tiempo que suministra «armamentos defensivos» a Taiwán en nombre de la «ley sobre las relaciones con Taiwán» votada en 1979.

    El presidente estadounidense, George W. Bush, se congratuló el sábado por la victoria de Ma, que considera una «nueva oportunidad». Pero sus felicitaciones llegaron acompañadas de una advertencia.

    «Corresponde a Taiwán y a Pekín construir las bases esenciales para la paz y la estabilidad prosiguiendo el diálogo por todos los medios disponibles y frenando cualquier iniciativa unilateral susceptible de modificar la situación a un lado y otro del Estrecho.»
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