Washington - La Constitución de Estados Unidos dedica apenas algunas líneas al proceso de destitución de un presidente, lo que otorga a los senadores un amplio margen de maniobra.
Lo que viene: ritual riguroso, rosca política y polémica por la convocatoria de testigos
Los demócratas forzaron a la mayoría republicana a comprometerse a no rechazar la acusación in limine. Además, presionan para que se cite a John Bolton, exasesor clave de Donald Trump.
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Presión. Un grupo de manifestantes desplegó dentro del edificio del Senado de EE.UU. una bandera que pide la destitución de Donald Trump.
Para quienes deberán llevar adelante el juicio político contra Donald Trump en el Senado, el marco del proceso está aún incompleto, y tampoco cuentan con demasiados antecedentes que puedan servir de inspiración.
Antes del millonario republicano, solo dos presidentes enfrentaron esta prueba: Andrew Johnson en 1868 y Bill Clinton, juzgado en 1999 por haber mentido acerca de su vínculo con la becaria de la Casa Blanca Monica Lewinsky.
Tal como ocurrió en 1999, al llegar a la Cámara alta, un alto funcionario a cargo de la seguridad y el protocolo, el ujier (‘sergeant-at-arms’), pedirá calma. “Todo el mundo debe guardar silencio, so pena de arresto, mientras la Cámara de Representantes presenta al Senado de los Estados Unidos los artículos de la acusación contra Donald John Trump”, declaró.
El lunes se celebrará en Estados Unidos el feriado por el aniversario de Martin Luther King, Jr., por lo que el juicio se reanudará el martes. El jefe de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, espera poder abrir la sesión con una votación, que solo requiere una mayoría simple, para establecer las reglas del juego.
Según McConnell, un proyecto de resolución que los 53 senadores republicanos están dispuestos a apoyar, prevé un marco “muy similar” al que se aplicó para juzgar a Clinton hace más de 20 años.
En aquel momento, los senadores se pusieron de acuerdo en reunirse todas las tardes; dedicar los tres primeros días a los argumentos de la parte acusatoria, los tres siguientes a los de la defensa; que las preguntas sean formuladas por escrito y leídas por el presidente de la Suprema Corte, entre otros aspectos.
Establecieron también que otros asuntos delicados serían tratados más tarde y a puertas cerradas.
En 1999, después de tres semanas de juicio, los senadores se retiraron a debatir a puertas cerradas sobre el asunto de los testimonios, especialmente sobre cuál sería la forma más apropiada de tomar declaración a Monica Lewinsky. Finalmente se pusieron de acuerdo en que la exbecaria grabara su testimonio en video.
Para el juicio de Trump, los testimonios permanecen como un interrogante. Desde tiendas demócratas reclaman que se convoque a cuatro asesores cercanos al presidente que no fueron autorizados a comparecer ante la Cámara baja. Sin la presencia de estos testigos, todo el proceso se convertirá en “una farsa, una reunión televisada para un juicio simulado”, dijo el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer.
La cuestión podría resolverse obteniendo mayoría simple en una votación, lo que implicaría lograr que cuatro senadores republicanos apoyen la moción demócrata sobre esos testimonios.
Incluso cuando uno de los testigos requeridos, John Bolton, exasesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, dijo que estaba listo para responder a una convocatoria, dado el clima de resentimiento reinante no está claro cuál será el resultado de esta pulseada.
Durante el juicio a Clinton, los senadores rechazaron a puertas cerradas una moción para desestimar la acusación, algo que solo requeriría una mayoría simple, y dar por finalizado el proceso luego de que ambas partes expusieran sus argumentos.
Trump coqueteó con esa hipótesis en un tuit publicado el lunes, y la líder demócrata de la Cámara Baja, Nancy Pelosi, acusó a McConnell de haber apoyado esa idea. “Una desestimación es un encubrimiento”, advirtió Pelosi.
El jefe republicano del Senado, sin embargo, negó que vaya a intentar frenar el juicio y que no existen apoyos para una propuesta de ese tenor.
Todo indica que el juicio terminará entonces tal como lo prevé la Constitución: con un voto de los senadores, que definirá si Trump es culpable o no.
Para esa votación final, la carta magna exige una mayoría especial de dos tercios, por lo que se espera que la mayoría republicana en el Senado absolverá al presidente republicano.
Agencia AFP




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