29 de septiembre 2006 - 00:00

Los escándalos en el gobierno

San Pablo (enviado especial) - Con los alimentos baratos, los planes sociales, la economía estable y crecimiento (por más que sea modesto), la reelección de Lula da Silva en primera vuelta no debería estar en duda. Si esto ocurre, es por la proliferación de escándalos de corrupción que alteró su gobierno. A continuación, un resumen de los más destacados.

  • Dossier-Gate. Todo comenzó el 15 de setiembre, cuando dos hombres vinculados al Partido de los Trabajadores fueron detenidos en un aeropuerto con el equivalente a 800.000 dólares en efectivo. Al ser interrogados por la policía terminaron admitiendo que el dinero estaba destinado a comprar una carpeta comprometedora para los candidatos socialdemócratas a la Presidencia, Geraldo Alckmin, y a la gobernación de San Pablo, José Serra. Seis personas de la campaña de Lula, entre ellos algunos hombres muy cercanos a él, ya tienen dictada la prisión preventiva. El caso le costó la cabeza al anterior jefe de campaña, Ricardo Berzoini, presidente del PT y ex ministro de Trabajo. La policía federal, la Justicia Electoral y el Ministerio Público están investigando, sin que nadie descarte la posibilidad de una impugnación a la candidatura del presidente si es que hay ballottage o, aun sin él, a su asunción para un segundo mandato. Esto es denunciado como un intento de «golpe de guante blanco» por el PT.

  • Mafia de las sanguijuelas. Durante los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso (cuando Serra era ministro de Salud) y de Lula da Silva, funcionó un esquema mafioso que defraudó al Estado en más de 50 millones de dólares a través de la venta de ambulancias sobrefacturadas. Este es el fondo del caso anterior, el Dossier-gate, en el que la campaña petista pretendía implicar a los opositores. Como consecuencia, 84 legisladores están siendo investigados por, aparentemente, haber recibido comisiones para introducir enmiendas presupuestarias para la adquisiciónde esos vehículos para sus municipios. Además, 31 alcaldes están sospechados de haber arreglado licitaciones truchas. Los empresarios que operaban esta mafia se basaron en un antecedente similar, cuyo negocio era la venta amañada de hemoderivados.   

  • «Mensalao». El PT ganó las elecciones de 2002, pero no obtuvo mayoría en el Congreso. Según denunció en junio de 2005 el entonces diputado Roberto Jefferson (que se autoincriminó y fue destituido, y cuyas denuncias se comprobaron casi en su totalidad), el partido de Lula sobornó mensualmente a legisladores para asegurar su ingreso en la coalición oficialista. El PT desmintió haber pagado coimas, pero admitió un delito penalizado más levemente: las compensaciones eran para pagar campañas políticas y salían de una «caja dos» generada a través de contratos de publicidad inflados o directamente truchos con el publicista Marcos Valério, por lo que el esquema se conoció también como « Valerioducto». Lula perdió en el escándalo a su poderoso jefe de gabinete, José Dirceu, y debieron dejar sus cargos partidarios el entonces presidente del PT, José Genoino, el secretario general y el tesorero de la agrupación. Hubo 40 diputados acusados, 19 fueron investigados por sus pares y sólo 3 fueron destituidos.   

  • Violación del secreto bancario. Este caso le costó el cargo al ministro estrella de Lula, el ex titular de Hacienda, Antonio Palocci. Según se comprobó, hombres de su confianza violaron el secreto bancario y difundieron a la prensa informes sobre los movimientos de dinero de un casero que acusaba al ministro de haber recibido coimas de empresarios durante su anterior gestión como alcalde de Ribeirao Preto. No había nada incorrecto en esos movimientos, lo que dejó en pie las acusaciones, que siguen su trámite en la justicia.   

  • Lulinha. Fábio da Silva, hijo del presidente, creó en el segundo año de mandato petista una empresa de videojuegos, Gamecorp. Según se supo, el gigante telefónico Telemar realizó en ese pequeño emprendimiento un aporte de capital de 5 millones de reales (casi 2,3 millones de dólares al cambio actual), sin comunicarlo a las autoridades de contralor. Se sospechó tráfico de influencias, pero no se comprobó. Para Lula, su hijo «sólo quería progresar».
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