José María Aznar tiene envidiables números económicosglobales para exhibir tras ocho años de gestión. Desde que asumió en 1996, España no paró de crecer, y en los últimos años, cuando la economía se estancó en el resto de Europa, su país se destacó con tasas de crecimiento que, aunque moderadas (en torno a 2%; se prevé 2,8% para este año), excedieron con creces el promedio de la Unión Europea.
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Los vientos a favor también se reflejaron en la tasa de desempleo, que de más de 20 puntos en la España felipista de 1996 bajó hasta 11,2% en el último registro en 2003.
Esta tendencia al bienestar le permitió al Partido Popular (PP) obtener la reelección para Aznar en 2000 con una clara mayoría absoluta en el Parlamento. Aquellas elecciones permitieron al PP gobernar sin aliados, y los dirigentes socialistas ya no pudieron decir que «España es un país de izquierdas». Los partidos de derecha y centroderecha finalmente habían sacado más votos que la suma del PSOE, Izquierda Unida y otras formaciones regionalistas por primera vez desde el reinicio democrático. Los efectos de los logros económicos permiten todavía que el PP sea favorito para el domingo.
Pero más allá del rechazo casi visceral de los españoles a la invasión a Irak, que Aznar apoyó, y de las eternas disputas por el País Vasco y Cataluña, el mismo progreso hizo que otros problemas vinculados a la calidad de vida cotidiana comenzaran a tener peso en el ánimo de la población en los últimos años.
•Empleo
Pese a la evidente mejora de los índices, el empleo sigue siendo un problema todavía no totalmente resuelto. Millones de jóvenes ven demorado su ingreso en condiciones satisfactorias al mercado laboral hasta bien entrados los treinta años. Mientras tanto, se ven obligados a vivir en casa de sus padres con becas o con empleos temporales. Once de cada doce nuevos puestos laborales que se crearon en el último año son temporales, y gran parte de ellos ingresa en lo que la oposición denomina «precariedad laboral». En algunas regiones de Galicia, Andalucía y Extremadura, la situación es muy preocupante. En Cádiz, una de las capitales andaluzas, 25,5% de la población económicamente activa está «en paro», según la última encuesta oficial de desempleo.
El diario «El País» (de centroizquierda y favorable a la candidatura del socialista José Luis Rodríguez Zapatero) reflejaba recientemente un caso paradigmático de dos jóvenes españoles. Antonio y Beatriz son pareja y están empleados en el aeropuerto madrileño de Barajas. Rondan los 25 años; él hizo el curso de piloto comercial y ambos hablan inglés y francés con fluidez. Su trabajo -con contrato temporal-consiste en atender a pasajeros, pero también en vigilar la carga y descarga de equipaje. Cada uno tiene un sueldo de 1.000 euros, inferior a los 1.600 de salario promedio nacional, pero superior al de la mayoría de los jóvenes de su edad. Pagan de alquiler 750 euros por mes por un departamento modesto en Barajas, alejados de Madrid. A ello le suman la cuota por el curso de piloto de 335 euros. Quedan 900 para el resto de los gastos de vivienda y alimentación, bastante para la Argentina devaluada, pero poco para un español. No hay cine ni comidas afuera.
Esta realidad se combina con el elevado costo de la vivienda. El precio del metro cuadrado nuevo creció en España desde los 700 euros en 1997 hasta 1.555 en 2003 (datos del Ministerio de Fomento, muy superiores para estudios privados). En las grandes ciudades, el metro cuadrado llega a 3.000 o 4.000 euros en las mejores avenidas. En un país que crece y ofrece confort y sofisticación al alcance de la mano, los jóvenes quieren casarse, para lo que pretenden comprarse «un pisito». Para muchos, un imposible.
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