17 de octubre 2003 - 00:00

Lozada advirtió por golpe "narcosindical"

La Paz (AFP, ASN, Reuters) - Huelgas de hambre, marchas y al menos 31 piquetes continuaban extendiéndose en Bolivia, mientras el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada acusó a quienes exigen su renuncia de ser «terroristas» que quieren imponer una «narcodictadura».

«No voy a renunciar, vamos a mantener la democracia y mantener la unidad de la nación», declaró Sánchez de Lozada. «No asumo la responsabilidad por los actos vandálicos, aunque la responsabilidad recae sobre el presidente cuando hay muertes», indicó, para agregar luego que lo ocurrido en estos días es un «levantamiento del narcosindicalismo».

•Mediadores

En tanto, para intentar destrabar el conflicto, la Argentina y Brasil enviaron a dos funcionarios de alto nivel, en una medida que fue valorada como de «voluntad positiva» por el canciller boliviano Carlos Saavedra. Los enviados, que llegan hoy, son el asesor de política exterior de Lula, Marco Aurelio García y, por la Argentina, el secretario de Asuntos Latinoamericanos, Eduardo Sguiglia.

Ambos se entrevistarán con el presidente, el vice Carlos Mesa y otros dirigentes.

Una multitud de manifestantes, estimada en unas 80.000 personas según la prensa, se concentró en el centro de La Paz gritando consignas por la renuncia del presidente. Según la emisora «Erbol», al menos unas tres personas resultaron heridas, una de gravedad, en enfrentamientos con la policía.

Para la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, los muertos son 77 hasta ahora y los heridos 400. El ministro de Salud, Javier Torres, anunció una «compensación inmediata» a cada una de las familias de los fallecidos durante los choques entre uniformados y manifestantes. Desde hoy, cada familia de las víctimas fatales recibirá 50.000 bolivianos (unos 6.443 dólares) como «un pago compensatorio».

Con respecto a la oferta de Sánchez de Lozada de convocar a un plebiscito sobre la cuestionada exportación de gas a EE.UU., la oposición ratificó el rechazo. «Después de la cantidad de compañeros acribillados, la posición del pueblo boliviano es dejarlo fuera del gobierno», dijo el líder opositor, diputado y dirigente cocalero, Evo Morales.

Incluso Morales no descartó la lucha armada: «Si la represión es la única respuesta a sus reivindicaciones, temo de verdad que se llegue a la lucha armada.
Para evitar llegar a estos extremos terribles y para que los indígenas no pierdan la esperanza, hemos decidido jugar la carta política», indicó Morales al diario francés «Le Monde».

La oposición pidió al vicepresidente
Mesa, que asuma el poder. Pero éste, un intelectual independiente que se alejó del gobierno el martes en desacuerdo por la violenta represión, marcó distancia de esa iniciativa. «No estoy dispuesto a servir como instrumento en un proceso creciente y peligroso», dijo.

Largas columnas bajaron a pie desde las laderas miserables de la ciudad, y también de El Alto, ciudad vecina de La Paz.

Además, un centenar de intelectuales, artistas, empresarios, antiguos miembros del gobierno y sacerdotes, ampliaron la huelga de hambre que se realiza en 38 lugares diferentes de Bolivia, según la ex defensora del pueblo
Ana María Romero.

«El Presidente ya no tiene credibilidad y su propuesta no fue oportunamente planteada, por lo tanto lo que corresponde es que renuncie», dijo el viceministro de Microempresa, Samuel Soria, hombre del partido populista de derecha NFR, ex aliado del gobierno. Soria renunció y se sumó a la huelga de hambre.

•Preocupación

En Sucre, Santa Cruz de la Sierra (polo económico en el este de Bolivia) Oruro y Potosí, las manifestaciones de descontento persistían y tendían a recrudecer.

Estados Unidos dijo, por su parte, que está preocupado por «elementos antidemocráticos» que buscan derrocar al presidente boliviano.
«Eso sería una gran tragedia para el pueblo boliviano», dijo Roger Noriega, secretario de Estado adjunto de Estados Unidos para América latina.

La situación de desabastecimiento de la ciudad pareció menguar después que en la madrugada una caravana militar se abrió paso a fuerza de disparos con suministros de combustibles y alimentos.

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