Brasilia (Reuters) - Alrededor de 30.000 personas que trabajaban en salas de bingo en Brasil y quedaron desempleadas protestaron ayer en la capital y exigieron al presidente Luiz Inácio Lula Da Silva que despida a los funcionarios corruptos, no a los empleados, en una de las mayores manifestaciones anti-Lula desde que el PT llegó al poder hace más de un año.
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Los manifestantes marcharon hacia el palacio presidencial para exigir a Lula que suspenda la prohibición contra los bingos, que fue dispuesta por el gobierno a raíz de un reciente escándalo por financiación ilegal del Partido de los Trabajadores por parte de las salas de juego, sospechadas, a su vez, de lavado de dinero. El caso salpicó al hombre fuerte del gobierno de Lula, José Dirceu, actual jefe de la Casa Civil, que resiste en su cargo.
«¡Basura, basura, basura, el gobierno está lanzando su basura sobre nosotros!», coreaba uno de los grupos de empleados de bingo de San Pablo, cuyos integrantes usaban camisetas que decían: «Votamos por este cobarde de Lula». Lula ordenó el cierre de las salas de bingo hace tres semanas y busca evitar que se formen comisiones investigadoras en el Congreso que prolongarían el escándalo ante la opinión pública.
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