Jerusalén (ANSA, Reuters, DPA) - Tropas y blindados israelíes, apoyados por helicópteros, ingresaron ayer por primera vez en 17 meses de Intifada en los campos de refugiados de Balata y Jenin, en Cisjordania, y provocaron la muerte de 14 personas -13 palestinos y un israelí- y heridas a 135.
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La nueva jornada de sangre y violencia se produjo mientras se realizan intensos contactos diplomáticos a partir de la iniciativa saudita para establecer un reglamento de paz en Medio Oriente.
La masiva operación israelí, en la que intervinieron un regimiento de paracaidistas y tropas especiales, se produjo horas después de que, el miércoles, una kamikaze palestina, Darin Abu Eisha, de 22 años, se hizo matar en un puesto de bloqueo del ejército en Cisjordania, hiriendo a tres soldados. La respuesta israelí apuntó directamente a los campos de Balata y Jenin, hasta ahora considerados refugios seguros por los palestinos. Un portavoz militar dijo que los dos campos «se transformaron en bases de actividades terroristas y sitios de infraestructura de la lucha armada de donde partieron los responsables de atentados que costaron la vida a decenas de inocentes».
Los soldados actuaron casa por casa, rompiendo las paredes para pasar de una a otra; entretanto, desde las mezquitas llegaban exhortaciones para lu-char contra los invasores. Los enfrentamientos fueron más intensos en Balata, el mayor campo de concentración de Cisjordania, considerado cuartel general de las Brigadas Mártires de Al Aqsa y de otros grupos armados vinculados a la Autoridad Palestina (AP).
El líder de Al Fatah en Cisjordania, Marwan Barghuti, anunció represalias, mientras las brigadas prometieron hacerlo contra el barrio judío de Ghilo, Jerusalén este. Colaboradores del presidente de la AP, Yasser Arafat, al denunciar la «salvaje agresión» israelí, dijeron que fue lanzada «para boicotear las propuestas sauditas basadas en el retiro de Israel de los territorios ocupados a cambio de la paz».
El gobierno de los Estados Unidos, por su parte, pidió a Israel dar pruebas de moderación y evitar «dañar a la población civil», según las palabras del portavoz del Departamento de Estado, Richard Boucher. Sin embargo, el primer ministro Ariel Sharon rechazó el pedido estadounidense alegando que «mientras los ataques terroristas continúen, Israel adoptará todas las medidas necesarias para defender a sus ciudadanos». El premier dijo esas palabras directamente al secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, quien lo llamó por teléfono.