Masivas protestas reclamaron la destitución de Rousseff en Brasil
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Masivas manifestaciones en Brasil
Por la noche, asesores del Palacio de Planalto dijeron a la AFP que Rousseff estaba reunida con el jefe de Gabinete, Jaques Wagner, y otros ministros para evaluar el impacto de las manifestaciones.
Imágenes aéreas mostraron en Sao Paulo una marea compacta de gente vestida de amarillo y verde, los colores de la bandera nacional y de la emblemática camiseta de la selección de fútbol.
La escena se repitió en la capital, Brasilia, con una asistencia oficial de 100.000 personas, y en Rio de Janeiro, sede de los próximos Juegos Olímpicos, donde una apretada multitud marchó al costado de las playas de Copacabana.
Otros grandes centros urbanos como Belo Horizonte, al sureste, la sureña Curitiba, e incluso tradicionales bastiones del PT como el estado de Bahía o Pernambuco, en el noreste, también tuvieron importantes convocatorias.
"Vine porque estoy cansada de ver tanta corrupción y para reclamar por el desorden en que se convirtió este país. Basta de robo, basta", dijo Rosilene Feitosa, una pensionada de 61 años en Sao Paulo. "Yo voté por el PT pero nunca más", agregó en referencia al Partido de los Trabajadores, de Rousseff.
En medio de menciones al "fin del ciclo" tras más de 13 años del PT en el poder, la ciudadanía se quejó por el derrumbe de la economía, que cayó 3,8% el año pasado y continuaría su declive en 2016, y por los escabrosos hallazgos de la investigación en Petrobras, donde fueron desviados multimillonarios fondos hacia partidos que integran la coalición de gobierno.
"Cayó Cristina, cambió el Congreso en Venezuela, perdió Evo, y ¿quién caerá ahora? Dilma", arengó desde un camión uno de los organizadores, en referencia al término del mandato de la presidenta Cristina Kirchner en Argentina y a las derrotas sufridas por el oficialismo socialista en las legislativas en Venezuela y el presidente boliviano Evo Morales en un referendo que le negó un potencial cuarto período.
Unas 300 personas se reunieron frente a la residencia del expresidente Luiz Inacio Lula da Silva, convertido ahora en blanco de una causa por corrupción y con pedido de prisión preventiva por supuesto ocultamiento de bienes.
En Brasilia, los activistas levantaron un gigantesco muñeco inflable que se asemejaba a la figura de Lula vestido de presidiario.
La multitud que ocupó la explanada que precede al Congreso vitoreó al juez federal Sergio Moro, cuyos fallos enviaron a la cárcel a varios empresarios y políticos enlodados en el caso Petrobras. Moro se convirtió en el símbolo de la lucha contra la corrupción, un mal que junto al desempleo en alza y a una inflación creciente llevó a Brasil a una espiral de desánimo que alcanzó a la propia coalición de gobierno.
El sábado, el mayor aliado que tiene el PT anunció que evalúa romper la alianza. El centrista PMDB, la mayor fuerza política de Brasil, debatirá durante 30 días si abandona a Rousseff a su suerte o se mantiene dentro del gobierno. Una eventual salida fragilizaría al extremo a la mandataria, que tiene apenas un 11% de apoyo.
"Fue un fin de semana muy malo para el gobierno. Las manifestaciones se están mostrando muy poderosas, mayores que en 2015 en varias ciudades. Es el peor escenario posible para el gobierno", dijo a la AFP el cientista político Sergio Praça.
"El precio de apoyar ahora a este gobierno es muy oneroso y los políticos captan eso. Nadie va a querer hundirse junto al PT. Tal vez dos o tres partidos pequeños, pero las demás formaciones les están abandonando o piensan seriamente en abandonar. Está clarísimo que con unas manifestaciones tan grandes el riesgo para el gobierno aumenta mucho", añadió.




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