28 de octubre 2002 - 00:00

Mayoría de rehenes en Moscú murió envenenada por gas

Mayoría de rehenes en Moscú murió envenenada por gas
Moscú (EFE-DPA-AFP-Reuters) - La operación de rescate lanzada por las fuerzas especiales rusas en un teatro de Moscú para liberar a más de 750 rehenes amenaza con producir una crisis en Rusia y tener connotaciones políticas internacionales.

Según el último balance dado a conocer ayer por el jefe de los servicios médicos de Moscú, Andrei Seltsovski, el gas empleado por el comando de elite mató a 115 de los 117 rehenes que fallecieron en el asalto policial.

El responsable del Departamento de Sanidad de Moscú reconoció que sólo dos rehenes murieron por los disparos de los terroristas y el resto, 115, por los efectos del gas especial empleado durante el rescate.

Estas afirmaciones fueron matizadas en la misma comparecencia por Yevgueni Evdokimov, jefe de anestesiólogos de la capital rusa, quien dijo que ninguna de las muertes fue efecto directo del gas. Según Evdokimov, las causas «de la muerte fueron paros cardíacos, fallos en el sistema circulatorio, entre otras».

Evdokimov indicó que en el asalto de las fuerzas especiales se empleó una «sustancia narcótica que se usa en la anestesia general». Pero reconoció que ese gas narcótico empleado al ser utilizado en grandes dosis puede causar cambios en las funciones vitales del organismo humano.

Entre los efectos mencionados por el anestesiólogo figuran el desvanecimiento e insuficiencias de los aparatos respiratorio y circulatorio.

Sin embargo, los toxicólogos alemanes que atienden en Munich a los dos rehenes de esa nacionalidad evacuados afirmaron que el gas que mantiene a sus pacientes en estado de envenenamiento
«es desconocido en clínica».

•Interrogantes

Volker Pickerodt negó así la tesis defendida por su colega ruso Evdokimov y acrecentó los interrogantes al manifestar que «con los narcóticos a nuestro alcance es imposible técnicamente hacer un concentrado capaz de provocar, en cuestión de segundos y por inhalación, la paralización total del individuo con las alteraciones tan agudas de sus funciones vitales».

Por su parte, Seltsovski admitió que el gas afectó a los rehenes cuando éstos se encontraban en unas condiciones «poco normales», tras pasar casi 60 horas sin moverse, con apenas alimentos, y entre los secuestrados «había mucha gente enferma, con insuficiencias cardíacas».

El viceministro del Interior ruso,
Vladimir Vasiliev, había dicho el sábado que en el asalto policial se emplearon «medios especiales» en cuyo uso no había mucha experiencia, en concreto dentro de locales cerrados.

Doctores que atendieron a los rehenes hospitalizados habían señalado que los fallecidos habían sido «envenenados por gas», aunque insistieron en que desconocían su naturaleza y en ningún momento lo identificaron como «anestésico».

El embajador de los Estados Unidos en Moscú, Alexander Vershbow, pidió a las autoridades rusas, sin éxito,
precisar el tipo de gas utilizado, explicando que necesitaba la información para el tratamiento de un ciudadano norteamericano hospitalizado.

•Arma química

Los síntomas de los afectados y sus efectos retardados, con arritmias cardíacas, vómitos y desmayos, son compatibles con un tipo de arma química de baja intensidad conocida como BZ.

Imágenes tomadas después que las fuerzas especiales irrumpieron en el teatro mostraron a una mujer con la cabeza echada hacia atrás, con la boca abierta y una bolsa de explosivos atada a la cintura.

Entre los fallecidos hay 63 hombres y 54 mujeres, y 51 de los cuerpos han sido identificados.
De los 75 rehenes extranjeros murieron cuatro mujeres: una ciudadana austríaca, una holandesa, una bielorrusa y una kazaja.

Al menos 50 de los terroristas murieron también en el asalto policial, con lo que el número total de fallecidos en la liberación del teatro es de 167 personas, según los datos oficiales.

De los 646 rehenes heridos ingresados en diversos hospitales de la capital rusa, 150 están en unidades médicas de cuidados intensivos y, de éstos, 45 se encuentran en estado muy grave, explicó Seltsovski. Ayer fue dado de alta al menos medio centenar de rehenes, pero no los 200 que se había prometido a primeras horas del día.

La crisis cobró dimensiones internacionales al exigir el Kremlin a la Unión Europea y a la actual presidencia danesa la prohibición de un congreso chechén convocado para hoy y mañana en Copenhague. Sobre todo porque
existe amenaza de los terroristas de atacar centrales nucleares.

Valeri Loschinin,
viceministro ruso de Exteriores, dijo que si se llega a celebrar la reunión de la diáspora chechena en el exilio, la cumbre Rusia-UE el 11 de noviembre «será imposible».

En un comunicado del Ministerio, segundo en las últimas horas, Moscú afirmó que «a la vista de los trágicos acontecimientos y de la serie de actos terroristas cometidos en otras partes del mundo», la celebración del congreso chechén «parece particularmente cínica».

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