Nadie encuentra los cuerpos

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Samarra, Irak (AFP) - Las fuerzas estadounidenses anunciaron que mataron a unos cincuenta combatientes iraquíes en violentos enfrentamientos en Samarra el domingo, pero ni los militares norteamericanos ni el hospital recuperaron o recibieron los cadáveres.

Una primera versión del ejército estadounidense dada en Samarra había cifrado en 46 los combatientes iraquíes abatidos. Horas después, en Bagdad, el jefe adjunto de las operaciones en Irak, general Mark Kimmitt, afirmó que murieron 54 combatientes iraquíes, 22 resultaron heridos y otro fue capturado.

•Balance

Al preguntarle durante una conferencia de prensa en Samarra dónde estaban los cadáveres de los asaltantes, el coronel Fredrick Rudesheim, al mando de los combates, respondió: «¿Quieren que se los enseñe?». «Es una buena pregunta. Puede que deban preguntárselo a los fedayines (la antigua milicia de Saddam Hussein) o a quienes nos atacaron», añadió.

El teniente coronel
Ryan Gonsalves, comandante del 166° batallón blindado, también confirmó que no tenía los cuerpos. El balance dado por el ejército se basa «en los informes que hemos recibido (de los oficiales) en el terreno», explicó.

Nadie vio los cuerpos tampoco en Samarra.
El director del único hospital, Abed Tufic, dijo que había ocho civiles muertos, incluidos una mujer, un niño y un peregrino iraní, y unos 60 heridos. Abel Moneim Mohammed, conductor de ambulancia, aseguró que no había transportado muertos ni heridos con uniformes negros de los fedayines de Saddam. En cuanto a si vio cadáveres que no transportó, dijo: «Si hubiera visto cadáveres, los habría llevado. Los norteamericanos no lo harían-». «Si el número de muertos hubieraalcanzado el que dan los estadounidenses, el ambiente en Samarra habría sido muy distinto», añadió, dando a entender que habrían estallado manifestaciones de indignación.

•Interrogante

Con él coincide el coronel Salaheddín Mollud, de 40 años, un ex oficial del antiguo ejército iraquí que actualmente dirige la oficina de reclamos del municipio. «Si hubiera muerto tanta gente, habríamos visto a los habitantes lanzarse a nuestro único hospital, a la policía o a la alcaldía para preguntar por sus allegados».
Abdelrazak Jadua, de 55 años, que tiene una tienda a unos 50 metros del lugar, no tiene dudas. «Tras los bombardeos, salí de mi tienda para ver cómo estaban mis vecinos. No había ni heridos ni muertos en la calle. ¿Cómo pudieron desaparecer?», se pregunta.

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