16 de septiembre 2003 - 00:00

No sueco al euro complica a Blair

Londres - El no de los suecos a la moneda única era festejado ayer con júbilo e indisimulado regodeo por la legión de euroescépticos que se cuentan en Gran Bretaña. Porque una cosa está clara: el rechazo de Suecia a ingresar en el euro hace añicos las débiles esperanzas de los eurófilos británicos de que el Reino Unido celebre durante el período de gobierno de Tony Blair el prometido (y siempre retrasado) referéndum sobre la entrada de la libra esterlina en la moneda única.

«Incluso los más fanáticos defensores del euro deben ahora reconocer que no vamos a ingresar en él, porque sus dos principales argumentos -que la entrada en el euro es inevitable y que Gran Bretaña es un país demasiado pequeño para manejarse por su cuenta-fueron dinamitados por el 'nej' de los suecos», sentenciaba en su editorial el conservador «The Daily Telegraph».

•Unanimidad

Ese es un dictamen que comparten al unísono todos los medios de comunicación británicos. «Los suecos hacen pedazos las esperanzas de Blair con respecto al euro», titulaba en su portada el siempre militante de izquierda «The Guardian». «Si, incluso después de la muerte de la canciller Anna Lindh, Suecia no estaba preparada para votar por la entrada en el euro, es prácticamente inconcebible que Gran Bretaña pueda ser convencida de ello», decretaba en sus páginas de opinión el rotativo «The Times».

Y qué decir de los conservadores, abanderados del rancio antieuropeísmo británico, quienes celebraban abiertamente el resultado del referéndum sueco. «Lo ocurrido en Suecia deja desarmados a los que durante años nos han estado diciendo que la entrada en el euro era inevitable y que sólo Gran Bretaña se oponía», señalaba sonriente Michael Ancram, vocero de relaciones exteriores del Partido Conservador. «El resultado del referéndum sueco contribuye sin duda a fortalecer mi opinión de que el euro no es para Gran Bretaña y que unirnos a él iría en contra de nuestros intereses económicos y políticos», añadió.

•Afectados

Sin embargo, el gobierno laborista de Tony Blair trataba por todos los medios de quitar importancia al clamoroso «no» de los suecos a la moneda única. «El referéndum sueco afecta a los suecos. El gobierno británico respeta su decisión, pero quiere subrayar que en absoluto altera la posición del Reino Unido», destacó un vocero del Foreign Office.

Y, casi con idénticas palabras, Downing Street trataba de amortiguar las obvias implicaciones en Gran Bretaña de la consulta popular celebrada en domingo pasado en Suecia: «El resultado del plebiscito sueco no afecta al Reino Unido», señalaba el vocero del primer ministro británico.

Tony Blair
en todo momento se declaró partidario del euro, pero siempre supeditó la incorporación de la libra esterlina a la moneda única a que se den las condiciones económicas favorables, establecidas a través de cinco criterios.

•Revisión

En junio pasado, el Ministerio de Economía británico sentenció que no se daban los puntos necesarios para la entrada de Gran Bretaña en la moneda única, requisito indispensable para que el gobierno convoque el referéndum sobre el europeo.

El superministro de Economía,
Gordon Brown, se ha comprometido a revisar el año que viene si se cumplen los cinco capítulos para el ingreso de la libra en la moneda única, lo que automáticamente permitiría la convocatoria del referéndum.

Pero, tras el batacazo de Suecia, sería un auténtico milagro que el Reino Unido celebrara en esta Legislatura -que como mucho se puede prolongar hasta 2006- la consulta popular sobre el euro.

Según los sondeos, dos de cada tres británicos se oponen a que la libra esterlina ingrese en la moneda única. «Lo ocurrido en Suecia subraya lo enormemente difícil que le resultaría al gobierno británico conseguir el respaldo al euro en Reino Unido, donde la oposición a la moneda única es incluso mayor que en Suecia», enfatizaba George Eustice, director de la campaña «no al euro».Y probablemente tenga razón.

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