Pekín (EFE) - Una nueva generación de gobernantes tomará el relevo en el poder de los actuales dirigentes chinos a raíz del XVI Congreso del Partido Comunista de China, que comienza el viernes y se adelanta como un hito histó-rico que cambiará el mapa político de la nación más poblada de la Tierra.
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El jefe de Estado, Jiang Zemin; el primer ministro, Zhu Rongji, y el presidente del Parlamento, Li Peng, los tres hombres más poderosos de China, desempeñarán tras el Congreso cargos honoríficos, a excepción del primero que conservará, según los analistas, el puesto de jefe de la Comisión Militar Central (CMC, máximo órgano castrense chino). Jiang será sustituido -si no hay un cambio imprevisible de última hora-por el actual vicepresidente, Hu Jintao, ingeniero hidráulico de 59 años, quien viene proyectando un «perfil bajo» y es considerado un hombre inteligente, hermético, discreto y enigmático.
Según se estima, Hu Jintao seguramente profundizará en las reformas y en la apertura al exterior, pero su verdadero programa recién podrá analizarse cuando se confirme el traspaso real de poder, posiblemente en marzo de 2003.
El primer ministro, Zhu Rongji, considerado un cerebro privilegiado con una gran visión macroeconómica, así como un abanderado en la lucha contra la corrupción que se ha ganado el amor y el respeto del pueblo, será sustituido, según coinciden la mayo-ría de los analistas, por el actual vicepresidente Wen Jiabao. Se espera que éste dé un empujón al programa de reformas políticas y económicas del liberal y progresista Zhu Rongji, conocido como «el zar de las finanzas», ya que el vice-presidente fue durante más de cinco años su mano derecha y su más fiel colaborador.
• Clave
El presidente de la Asamblea Nacional Popular (ANP, legislativo), Li Peng, es el político más odiado de China, representa al ala dura y rancia del régimen, y se ha ganado los apodos de «bestia negra» y de «carnicero de Tiananmen». Li Peng podría ser relevado en el cargo por Zeng Qinghong, director del Departamento de Organización del Partido Comunista Chino (PCCh), quien se ha ganado el apodo de «jefe de los eunucos» de Jiang, para quien hace los trabajos sucios tras bambalinas. Este «trío de ases» forma la clave del futuro político de China que, según coinciden los expertos, dentro de veinte años podría ser una potencia mundial comparable a Estados Unidos y disfrutar de un régimen socialista de contenido demo-crático, fórmula que buscarán, tal vez mediante la alquimia taoísta, los nuevos dirigentes. Estos tres dirigentes encabezarán el todopoderoso Comité Permanente del PCCh, máximo órgano de decisiones en China, y que está integrado por siete miembros, conocidos irónicamente por el pueblo como «los siete magníficos».
La inclusión de los empresarios en el partido dirigente, una iniciativa de Jiang, exigirá la reforma de la Constitución del PCCh, lo que será uno de los principales puntos a debatir en el histórico congreso. Según analistas, Jiang pretende reforzar el proceso de modernización y armonización del partido en línea con la evolución de una sociedad comunista en una capita-lista y ampliar las bases con la inclusión de las clases emergentes.
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