Con un 75% en el que nadie cree, encara Ortega un mayor aislamiento y sanciones

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El líder sandinista buscó asegurar su permanencia más allá de los 14 años ininterrumpidos que lleva en el poder sobre la base del encarcelamiento de todos los líderes opositores relevantes. Maduro y Evo Morales lo apoyaron, pero la relación no tiene retorno con EE.UU. y con Europa.

Managua - El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, enfrenta fuertes amenazas de nuevas sanciones de Estados Unidos y críticas de la Unión Europea (UE) y países latinoamericanos, tras haber ganado sin sorpresas un cuarto mandato consecutivo en unas elecciones celebradas el domingo con siete aspirantes opositores detenidos.

Ortega, quien llegó al poder por las urnas en 2007, fue reelegido con un 75% de los votos, con la mitad de las mesas escrutadas, anunció ayer el Consejo Supremo Electoral (CSE).

Más allá del esperable respaldo del venezolano Nicolás Maduro y del expresidente de Bolivia Evo Morales, las reacciones no se hicieron esperar. Incluso apenas cerradas las urnas, el presidente estadounidense, Joe Biden, calificó los comicios de “farsa”, y la UE aseguró que “carecen de legitimidad”. El gobierno español, en particular, tildó el proceso de “burla”.

En la región, Colombia, Costa Rica y Chile, entre otros países, hicieron punta al desconocer el resultado.

Acción

“Continuaremos usando la diplomacia, las acciones coordinadas con nuestros aliados y socios regionales, las sanciones y las restricciones de visado” para que “los cómplices en el apoyo a los actos no democráticos del gobierno de Ortega-Murillo rindan cuentas”, afirmó en un comunicado el secretario de Estado, Antony Blinken, refiriéndose al presidente y su esposa y vice, Rosario Murillo.

“Aunque Ortega y Murillo pueden permanecer atrincherados en el poder, las elecciones no democráticas de Nicaragua no les proporcionan ni pueden proporcionarles un mandato democrático para gobernar”, añadió.

El secretario de Estado afirmó que trabajará con otras democracias, incluso a través de la asamblea general de la Organización de Estados Americanos (OEA) que se celebra esta semana, para “presionar por una vuelta a la democracia a través de elecciones libres y justas y el pleno respeto de los derechos humanos en Nicaragua”.

“Esto debe comenzar con la liberación inmediata e incondicional de los encarcelados injustamente”, dijo Blinken. Los comicios se celebraron tres años y medio después de las protestas de 2018 que exigieron la renuncia de Ortega y cuya represión dejó al menos 328 muertos y más de 100.000 exiliados, sumiendo al país centroamericano de 6,5 millones de habitantes en una profunda crisis política.

Ofensiva

Desde junio fueron ilegalizados tres partidos y detenidos 39 activistas sociales, políticos, empresarios y periodistas -entre ellos siete aspirantes presidenciales-, sumándose a unos 120 opositores que siguen presos desde 2018.

Ortega, quien el jueves cumplirá 76 años, asumirá otros cinco años como presidente a partir del 10 de enero. El exguerrillero sandinista, quien también gobernó el país en los años 1980 luego de ayudar al FSLN a derrocar en 1979 al dictador Anastasio Somoza, enfrentó a cinco candidatos derechistas, desconocidos y tachados de colaboradores del Gobierno, que en total obtuvieron el restante 25% de los votos.

Los comicios “completan la conversión de Nicaragua en un régimen autocrático”, dijo la UE en un comunicado. “Fue una elección solo de nombre”, estimó el Reino Unido.

Ortega, que acusa al “imperio” y a la UE de “injerencia” e “irrespeto a la soberanía” de su país, recibió la felicitación de sus aliados de Venezuela, Cuba, Bolivia y Rusia, que condenó la postura de Washington y consideró los comicios “en pleno respeto” de la ley.

Los comicios también designaron a 90 diputados de un Congreso que, al igual que todos los poderes del Estado, está bajo control del Gobierno.

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