29 de marzo 2005 - 00:00

Pasaporte español, vía de escape para jóvenes venezolanos

Caracas - «María Elena, mi mujer, se pasa el día llorando, preocupada por el adoctrinamiento revolucionario que van a recibir nuestros dos hijos. A toda hora me dice que quiere ir a vivir a España.» Luis Cordeiro, gerente de un prestigioso restorán de Caracas, duda sobre si seguir en Venezuela o regresar al cabo de 32 años a su Galicia natal.

La incertidumbre de Cordeiro es compartida por miles de españoles y por una parte notable de la sociedad venezolana. Más que por las crecientes penurias económicas, la extensa colonia hispana se siente angustiada por el futuro de sus hijos, en particular por una nueva ley de Educación que parece destinada a implantar un mayor control ideológico. El temor al dirigismo político en escuelas y universidades motiva a muchos españoles plantearse irse del país.

En las últimas semanas aumentaron las colas ante el Consulado de España en Caracas. Cada día, centenares de personas hacen fila para trámites que les permitirán adquirir la nacionalidad de sus padres y disponer de un pasaporte comunitario para emigrar.

Desde que en 2001 se empezó a radicalizar la llamada
revolución bolivariana, algunos españoles comenzaron a hacer el viaje de retorno. El año pasado se marcharon 10 mil de los 145 mil inscritos en el consulado. Eduardo Cerro, el cónsul general, explica que si se incluyen a familiares con derecho a la nacionalidad, la colonia española asciende a 300 mil personas.

Venezuela, el mayor receptor de inmigrantes, registra un creciente número de emigrantes. De los 50 mil nacionales que viajaron a España en 2004, sólo regresaron 10 mil; los otros 40 mil se quedaron como indocumentados (aunque en Venezuela hay cerca de 80% de pobreza, la gente de menos recursos no busca mejorar en el exterior, porque, acostumbrada a recibir subsidios y dádivas, no le seduce emprender una vida de trabajo y sacrificio). A diferencia de otros países americanos, el emigrante venezolano es de clase media o media alta.

• Inquietud

Las familias están inquietas por el rumor de que, con las nuevas leyes, el Estado compartirá con los padres la patria potestad de los hijos.

Aunque el proyecto de ley de Educación no contempla nada al respecto, en Venezuela todo el mundo dice que «con Chávez, hemos aprendido que los rumores terminan por convertirse en verdad».

«Chávez, a mis hijos no los toques»,
dijo Luisa Linares, una bióloga muy inquieta porque de limitarse la patria potestad de los padres eso significaría impedir la salida del país a los niños nacidos en Venezuela.

La clase media tradicional -ha surgido una nueva burguesíarevolucionaria, que se ha enriquecido gracias a su cercanía con
Chávez-tiene muy presente lo sucedido en Cuba tras el triunfo de Fidel Castro. Los paralelismos son inevitables. Después de ganar el referéndum revocatorio, el presidente venezolano, con el control de todos los poderes del Estado, en forma progresiva ha ido cerrando espacios democráticos.

José Quintana
, ingeniero canario con 58 de sus 63 años en Venezuela, tramita los pasaportes de toda su familia porque «no me gusta vivir en un régimen totalitario». Dice que nadie sabe el alcance de la nueva ley de Educación: «Vivimos en permanente zozobra, sin saber qué es verdad o mentira. El gobierno provoca una especie de terrorismo mental. Si nos vamos de Venezuela no es por dinero, sino por libertad. No nos gusta que nos impongan lo que hemos que hacer. Sentimos impotencia, desespero, frustración. Al no existir Estado de derecho, aquí no tienes a quién acudir, aquí se mete a la gente en la cárcel por diferir en la forma de pensar».

El ingeniero Carlés Llagostera afirma que «Chávez copia el proceso cubano». Subraya el hostigamiento a que son sometidos quienes firmaron a favor del revocar el mandato de Chávez: «Si eres empresario, dejas de existir para el gobierno; si eres funcionario, te despiden; si eres un particular, tienes problemas para sacarte el pasaporte. Como si fuéramos unos apestados».

Silvia Vidal
, diseñadora de vestuario del canal RCTV, dice que la limitación a la libertad de expresión llega al extremo de que hay autocensura en las telenovelas: «Hay censura de lenguaje y desnudos, no se pueden dar besos apasionados hasta después de las 23. Por ley, las emisoras de radio han de dedicar 50% de su programación musical a temas folclóricos, y del 50% restante, 10% se debe dedicar a música latinoamericana».

Desde su Valencia natal, a la que acaba de llegar tras residir 28 años en Venezuela, Valentín Sánchez dijo vía telefónica que regresó a España tras verse obligado a cerrar una fábrica de confección.

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