Gonzalo Sánchez de Lozada tenía antes de que la crisis se recrudeciera en los últimos días cerca de 10 por ciento de imagen positiva, según las últimas encuestas. Por distintos motivos, sectores medios, campesinos y pobres urbanos lo fueron dejando casi sin ningún sustento social y al borde de la renuncia, y con el único aval de las Fuerzas Armadas.
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«Aunque por distintas causas, los sectores medios comparten con los más empobrecidos el deseo de que Gonzalo Sánchez de Lozada deje el poder, a poco más de un año de haber asumido», indicó anoche Tuffí Aré Vásquez, analista político y jefe de informaciones del diario «El Deber» de Santa Cruz de la Sierra. A los habitantes de El Alto, una ciudad vecina de La Paz y con la inmensa mayoría de sus 500.000 habitantes por debajo de la línea de pobreza y de origen indígena, los encendió junto a los productores cocaleros y a los mineros la oposición al proyecto del gobierno de exportar gas sin procesamiento industrial a EE.UU., que dejaría sólo 18 por ciento de su precio al Estado en concepto de impuestos. «A ello se suma el factor de que la vía de exportación por parte del consorcio hispanobritánico de Repsol y British Gas sería un puerto chileno, país considerado el enemigo histórico para muchos bolivianos», explicó Vásquez. A la clase media de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra se le hizo intolerable la situación de zozobra e inacción que signó al gobierno de Sánchez de Lozada desde agosto de 2002 cuando asumió, más aún después de las revueltas de enero pasado. «Desde el inicio, el presidente se apoyó en las fuerzas armadas y en la Embajada de Estados Unidos, lo que lo alejó de la imagen de reformista de su anterior mandato (1993-1997)», evaluó Vásquez.
La emergencia del líder cocalero y dirigente del Movimiento Al Socialismo (MAS), Evo Morales, lo ubicaría a este último como firme aspirante a la presidencia apoyado por los sectores humildes y radicalizados de izquierda, mientras que el ex presidente Jorge Quiroga, de Acción Democrática Nacionalista (del fallecido Hugo Banzer), conservaría una fuerte ascendencia en la clase media y alta.
Una salida de Gonzalo Sánchez de Lozada del poder dejaría al vicepresidente Carlos Mesa, políticamente independiente, con mandato hipotético hasta 2007, pero poco indica que se seguirán los plazos constitucionales previstos.
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