Pese a la derrota en las elecciones, Sarkozy se mostró decidido a "mantener el rumbo"
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Nicolas Sarkozy.
"Sé que es un asunto delicado, pero mi deber como jefe de Estado es garantizar que sus jubilaciones tengan financiación", sostuvo Sarkozy refiriéndose a una de las reformas que más rechazo genera en los franceses pues prevé elevar la edad de la jubilación por encima de los 60 años.
La oposición a esa reforma fue uno de los ejes de una jornada nacional de protestas y manifestaciones que ayer sacó a la calle a unas 800.000 personas convocadas por cinco grandes centrales obreras francesas (la mitad de manifestantes según la policía).
Esa reforma "no saldrá adelante a la fuerza (...) pero les prometo que antes de seis meses las medidas necesarias y justas habrán sido adoptadas", sostuvo.
El encargado de llevarla adelante será el nuevo ministro de Trabajo, Eric Woerth, designado el lunes en el marco de una remodelación ministerial limitada, destinada a aplacar los ánimos en el seno de la derecha, descontenta con la política de apertura a la izquierda del presidente francés.
La derrota de la gobernante Unión para un Movimiento Popular (UMP, derecha) en los recientes comicios regionales por 35% de los votos contra el 54% para socialistas y ecologistas, encendió las luces de alarma en el Elíseo, cuando faltan dos años para la elección presidencial de 2012.
Tras los cambios en el gabinete, Sarkozy dio marcha atrás a la tasa al carbono -un impuesto que preveía gravar las emisiones de carbono de hogares e industrias- que meses atrás comparaba con "la descolonización, el sufragio universal y la pena de muerte".
"Confirmo sin ambigüedad nuestra elección de una fiscalidad ecológica pero subordino la creación de una tasa carbono interna a una tasa en las fronteras", es decir europea, dijo Sarkozy.



