Eagle, Kuwait - Dentro de una tienda de campaña del ejército británico que huele a vieja, emplazada cerca de la frontera sur de Kuwait con Irak, el teniente coronel Christopher Tickell sonríe al escuchar la voz que corre por el campamento: que la suerte lo ha escogido para que sea el primer presidente ejecutivo de lo que algún día podría llamarse Iraq Oil Inc.
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«Qué malo que no me van a pagar como si lo fuera», dice entre risas Tickell, comandante del 23er. Regimiento de Ingenieros, grupo de combate de unos 500 efectivos armados con maquinaria pesada, más pilotos de helicópteros de combate y conductores de topadoras enviados por Tony Blair para apuntalar la ofensiva estadounidense. Tienen asignada la tarea de tomar la franja fortificada de 18 campos petroleros que va desde la punta meridional del río Eufrates hasta la frontera sudoriental de Irak con Irán. Los yacimientos de esos campos contienen más de 20.000 millones de barriles de petróleo.
En caso de que haya guerra, Tickell dice que una de sus tareas principales será conducir a sus ingenieros a toda prisa a capturar los 10.000 millones de barriles de reservas comprobadas de petróleo crudo que yacen bajo el campo de Rumaila. Su misión: impedir que el presidente iraquí, Saddam Hussein, prenda fuego a los pozos petroleros del sur de su país, o al menos contener el daño a los pozos. Durante la guerra de 1991 contra Irak, Hussein hizo incendiar 737 de los 858 pozos activos de Kuwait y destruyó infraestructuras industriales valoradas en 33.000 millones de dólares.
Según estrategas militares que están emplazando unos 240.000 soldados estadounidenses y británicos a lo largo de esta frontera azotada por tormentas de arena, el comandante de 38 años del regimiento de ingenieros, natural de la aldea de Waterbeach, estará prácticamente a cargo de la industria petrolera de Irak en el sur durante los primeros días del conflicto armado que pueda haber. «Los ingenieros militares de Tickell son el componente de primeros auxilios para salvar los pozos meridionales de Irak», explica un estratega militar británico de alto rango a quien no se puede identificar por razones de seguridad. «El 23er. Regimiento ayudará a abrir el paso hacia los campos petroleros y a asegurar la zona para la reconstrucción nacional de posguerra. Si Saddam los incendia, los ingenieros velarán para que los bomberos especializados en incendios petroleros lleguen allí rápidamente».
Tickell examina su plan de combate. «Afrontamos trampas explosivas, minas, explosivos», dice Tickell, a quien sus soldados llaman coronel Chris.
De hecho, el aire sofocante afuera de la tienda del comandante Tickell es alborotado por escuadrones de helicópteros del Regimiento de Ingenieros del 51 Escuadrón de Ataque Aéreo que sobrevuelan el campamento. Los ingenieros practican para la travesía de 60 kilómetros a la capital petrolera iraquí de Bassora. A unos 480 kilómetros y ocho campos petroleros más al noroeste está Bagdad. Cerca, las topadoras acorazadas del 23 de Ingenieros y los tanques Challenger de los Reales Lanceros de la Reina son preparados para la carrera hacia el centro petrolero Rumaila, el puerto del pueblo iraquí de Um Qsar y el pasaje de Shaat al-Arab, la vía marítima utilizada por los buques petroleros.
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