Poca expectativa por la boda entre William y Kate
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El príncipe William y Kate Middleton se casan el 29 de abril.
Guillermo, de 28 años, y Kate, de 29, se casarán el viernes 29 de abril, decretado festivo por el gobierno, en la abadía de Westminster, donde rompiendo con la tradición la novia no llegará en carroza, sino en un Rolls Royce.
Será entonces, al tomar el pasillo que lleva al altar del brazo de su padre, cuando una audiencia televisiva estimada en al menos 1.000 millones de personas en todo el mundo podrá descubrir finalmente su traje de novia.
Escoltados por sus padrinos y hermanos respectivos, el príncipe Enrique y Pippa Middleton, Guillermo y Kate se darán el sí ante unos 1.900 invitados, incluidos representantes de la realeza mundial, el primer ministro británico David Cameron y, posiblemente, famosos como David y Victoria Beckham.
Aunque el palacio no ha comunicado oficialmente la lista, sí ha indicado que más de un millar serán familiares y amigos de los novios.
Dos coros, una orquesta de cámara y dos fanfarrias se encargarán de amenizar la ceremonia, presidida por el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams.
Convertidos ya en marido y mujer, Guillermo y Catherine -como prefiere llamarla la Casa Real- regresarán en carroza al palacio de Buckingham por las calles del centro de la capital, donde deberían congregarse numerosos británicos y turistas.
A continuación, la reina Isabel II ofrecerá un almuerzo para 600 invitados, que estará seguido por la noche de una cena con baile para los 300 más cercanos a la pareja.
Dada la situación económica en el Reino Unido, donde la ciudadanía empieza a sentir los efectos del drástico plan de ajuste, las dos familias compartirán todos los gastos del enlace, mientras que el Estado se hará cargo de la seguridad.
Sin embargo, varios sectores, en particular el turístico, esperan beneficiarse con un aumento del consumo. Según una estimación de la consultora Verdict, la boda debería aportar u$s 995 millones, al menos 30 millones de los cuales procedentes de la venta de "souvenirs".
Los pubs estarán autorizados a cerrar más tarde, y en numerosos barrios se han pedido permisos especiales para organizar fiestas callejeras.
Por ello, Jobson está convencido de que al final será un gran éxito. "En Gran Bretaña siempre nos gusta no entusiasmarnos demasiado y tratar de aparentar que no nos lo estamos pasando bien, pero cuando ocurra realmente todo estará atestado y la gente estará borracha y divirtiéndose", concluyó.



