Por primera vez, el ejército iraquí derrotó a fuerzas del Estado Islámico
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Soldados irakíes custodian un paso fronterizo ante la amenaza del Estado Islámico.
Después de Raqa, en el noroeste de Siria, y de Mosul, en el norte de Irak, Ramadi es la tercera capital de provincia en manos del EI.
Los islamistas lograron tomar esta ciudad pese a los constantes bombardeos aéreos y de los cientos de millones de dólares de la coalición internacional liderada por Estados Unidos para reforzar a las fuerzas locales que pelean contra el EI.
Tan contundente fue esta nueva victoria militar de los islamistas que ya provocó que alrededor de 183.000 habitantes de Ramadi abandonaran sus casas desde finales de abril y empezaran un difícil viaje hacia Bagdad, la capital del país, según la ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados.
Para el secretario de Defensa de Estados Unidos, Ashton Carter, la pérdida de Ramadi se debió a que "las fuerzas iraquíes simplemente no mostraron voluntad de luchar", según una entrevista que dio hoy a la cadena de noticias CNN, citada por la agencia de noticias EFE.
Sin desplegar su tradicional diplomacia, Carter fue contundente al explicar que las fuerzas iraquíes "no fueron superadas en número" por los islamistas del EI, pero que, sin embargo, "fracasaron en la lucha y se retiraron del sitio, lo que me dice a mí, y creo que a la mayoría de nosotros, que tenemos un problema con la voluntad de los iraquíes para pelear contra el EI y defenderse".
A partir de este análisis, el jefe del Pentágono concluyó que lo falló no fue la estrategia promovida por Estados Unidos y su coalición internacional para combatir al EI, sino que "un fracaso de las fuerzas iraquíes".
Desde finales de 2013, miles de combatientes del EI sorprendieron al mundo al conquistar una tras otra ciudad y pueblos del oeste y el norte de Irak, hasta controlar más de un cuarto del territorio, lo mismo que sucedió en la vecina Siria.
Gran parte del éxito de la milicia extremista islamista se debió en Irak a que consiguió el apoyo de muchas de las milicias tribales sunnitas, especialmente en el oeste del país, donde se encuentra Ramadi y donde la mayoría de esa etnia sufre la discriminación, la represión y la enajenación política de los sucesivos gobiernos de mayoría chiita, productos de la invasión y la posterior ocupación estadounidense.
Además de contar con el apoyo de Washington, estos gobiernos nacionales de mayoría chiita contaron y cuentan con el explícito apoyo de la República Islámica de Irán, una teocracia chiita.
El EI finalmente capturó la atención de las grandes potencias occidentales cuando en junio pasado tomó el control de Mosul, la segunda ciudad de Irak, con muy poca resistencia.
Este inédito avance y las ejecuciones grabadas de varios periodistas y trabajadores humanitarios estadounidenses y británicos dieron paso a una nueva intervención militar de Estados Unidos en el país, apenas dos años y medio después que el gobierno de Barack Obama ordenara el fin de la guerra en Irak.



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