19 de enero 2006 - 00:00

"Post": Bachelet, líder del siglo XXI

Contradiciendo el tantas veces mencionado y erróneo «giro a la izquierda» de la región, «The Washington Post» diferenció ayer claramente el fenómeno de Evo Morales -y de su «mentor» Hugo Chávez- del socialismo moderno de Chile, que desde el domingo encarna Michelle Bachelet. En un lúcido editorial, el influyente diario estadounidense advierte que el supuesto «socialismo» de los primeros no es más que una reedición del viejo caudillismo latinoamericano, mientras que el de la segunda se asimila al europeo y es capaz de hacer convivir la equidad social con el crecimiento económico. Veamos sus principales pasajes.

Michelle Bachelet
Michelle Bachelet
Los vecinos sudamericanos Chile y Bolivia han registrado resonantes triunfos electorales en pocas semanas.

El mes pasado, Evo Morales se convirtió en el primer líder indígena en tomar el poder en Bolivia; el domingo, Michelle Bachelet fue elegida como primera mujer presidente de Chile. Ambos líderes se llaman socialistas. Sin embargo, en sustancia política, Morales y Bachelet no podrían ser más diferentes. El contraste entre ellos ilustra cómo ciertos países latinoamericanos, al contrario de otras naciones en desarrollo en casi todo el mundo, permanecen en la confusión acerca de los modelos económicos.

• Regresión

Aunque su presidencia simboliza la extensión de la democracia boliviana para incluir a la pobre mayoría indígena, Morales supone una regresión hacia el pasado de América latina. Su « socialismo» es el estatismo populista que apareció en la región hace más de medio siglo. Las promesas de Morales de nacionalizar las reservas de petróleo y de gas de Bolivia, revierten la venta de las compañías del Estado a inversores extranjeros y desafían a la comunidad financiera internacional.

Como Hugo Chávez de Venezuela, su mentor, espera mejorar las condiciones de vida a través del estatismo; el comercio exterior y la inversión son vistas con suspicacia. Que esas políticas hayan conducido en varias ocasiones a la catástrofe, y hayan sido hace tiempo desacreditadas en todo el mundo, es ignorado en estos países latinos por los políticos del resentimiento de la clase, del antinorteamericanismo y, a menudo, del músculo autoritario.

Chile, por el contrario, se parece y se comporta cada vez más como un país europeo
. Bachelet -una agnóstica, madre sin pareja, urbana y viajada- se sentiría en casa en los partidos socialdemócratas de Europa occidental. Como ellos, favorece la igualdad económica, que todavía está demorada en Chile. Pero no cuestiona los fundamentos de la creciente prosperidad de su país, que están constituidos por un comerciomuy libre, inversiones extranjeras y el mercado libre, que en otras partes de la región son demonizados como «neoliberalismo».

Chile, como México, tiene un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos; también tiene acuerdos comerciales con la Unión Europea, China e India. Todos firmados por el altamente popular presidente socialista saliente, Ricardo Lagos.

• Lentitud

Una de las paradojas de la América latina contemporánea es la lentitud, incluso entre sus élites, para absorber las lecciones del éxito de Chile. Su comercio, como porcentaje de su economía, duplica el promedio regional, lo mismo que su crecimiento en los últimos 15 años.

Desde 1990, el índice de pobreza de Chile ha caído de 38,5% a 18,8%; la pobreza extrema está en 4%. En Venezuela, la pobreza creció de 43% a 53% durante los primeros seis años de Chávez en el cargo
.

Chávez intenta ampliar en la región su liderazgo y lo que llama su «socialismo del siglo XXI». Con todo, si los latinoamericanos pueden mirar más allá del caudillismo grotesco y de la demagogia simplona, verán que el verdadero socialismo del siglo XXI es el que está casado con la moderna mujer que acaba de ser elegida presidenta de Chile.

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