18 de enero 2021 - 00:00

Migración, deudas y desalojos: el presidente electo prepara una salva de decretos para atender a su base

El presidente electo alista un inicio de gestión de alto impacto en un país estragado por la pandemia, la división y la grieta política. La irrupción de un hombre armado obligó a incrementar la seguridad en una capital blindada ante la jura del miércoles.

EN ALERTA. Efectivos de la Guardia Nacional controlan las inmediaciones del Congreso en Washington DC y otros objetivos sensibles ante la jura de Joe Biden de este miércoles.
EN ALERTA. Efectivos de la Guardia Nacional controlan las inmediaciones del Congreso en Washington DC y otros objetivos sensibles ante la jura de Joe Biden de este miércoles.

Washington - El presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, planea firmar una decena de decretos durante los primeros días de su gobierno, inmediatamente después que asuma este miércoles.

Faltan apenas dos días para que Biden jure como el presidente número 46 en la historia del país, pero el demócrata ya piensa en órdenes ejecutivas para agilizar la luchar contra la pandemia del nuevo coronavirus y para sostener la actividad económica.

También pretende responder a otras expectativas de su base electoral, para lo que dejaría sin efecto algunos de los decretos más controvertidos del mandatario saliente, Donald Trump, como la prohibición del ingreso a Estados Unidos de ciudadanos de países con mayoría musulmana y la reunificación de las familias de inmigrantes, separadas en la frontera con México.

La ráfaga de medidas iniciales incluiría el aplazamiento del pago de las deudas de los estudiantes universitarios y la suspensión temporal de los desalojos, un tema candente para la base del electo, trascendió.

Ese último punto es especialmente delicado ya que entre 30 y 40 millones de inquilinos están en riesgo de ser desalojados a partir del 1 de febrero, alertó una ONG que trabaja por el derecho a la vivienda.

Biden prometió que esta semana ampliará las “restricciones nacionales a los desalojos y cierres” y calculó que en todo el país “alrededor de 14 millones de estadounidenses se atrasaron con el alquiler y pronto podrían enfrentar el riesgo de un desalojo”, según tuiteó.

El año pasado, como parte de la gestión de la pandemia, el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) impulsó la suspensión de los desalojos hasta fin de 2020, una forma de mitigar los contagios y atender al impacto económico de aquellos golpeados por la pérdida de empleo, la caída de ingresos o la reducción de sus horas de trabajo.

El Congreso logró extender un mes más esa moratoria como parte de un paquete de estímulo económico y, a partir del miércoles, será el turno del nuevo Gobierno para afrontar la cuestión.

La de este miércoles será una juramentación sin precedentes en la historia estadounidense, con la ceremonia y el tradicional programa de eventos distorsionados por los riesgos de seguridad, producto de la reciente toma violenta del Congreso.

Por un lado causa preocupación la extensión de la pandemia, que está en su pico de contagios y muertes, y por otro el peligro de que se produzcan protestas de seguidores de Trump y de grupos de extrema derecha armados. Esta última alarma que se acrecentó tras el arresto el fin de semana de un hombre armado y con credenciales falsas de acceso a la ceremonia, un episodio que investiga el FBI (la policía federal) y que obligó ayer a dar una nueva vuelta de tuerca a las medidas de prevención.

Washington ya es una ciudad blindada, algo jamás visto para la llamada “Zero Fail Mission” (Misión que no puede fallar).

Unos 25 mil soldados de la Guardia Nacional se desplegaron en la ciudad para apoyar a la policía, a los efectivos del Servicio Secreto y a los agentes del FBI.

Todas las calles en torno al llamado “Federal Triangle” se cerraron y se establecieron decenas de puestos de control y bloqueos.

La zona de Capitol Hill, donde está el Congreso, y la de la Casa Blanca están protegidas por vallas de más de dos metros de altura.

El National Mall, el monumental bulevar ubicado en el centro de Washington, está cerrado, mientras que los hoteles cancelaron todas las reservas para evitar el flujo de personas y las compañías aéreas reforzaron todos los controles en los vuelos hacia la capital.

Sin embargo, hay alarma en todo el país por temor a desórdenes frente a las sedes institucionales en muchos estados.

El presidente electo, de 78 años, pasó el fin de semana preparando el esperado discurso de asunción, que pronunciará tras jurar sobre la Biblia con la tradicional fórmula de 35 palabras, como es tradición, al mediodía del 20 de enero.

Su discurso estará guiado por el concepto de unidad nacional”, con el que buscará tocar las cuerdas de un país dividido y herido, y lanzará un fuerte llamado a la reconciliación, enfatizando la necesidad de recobrar la confianza recíproca y en las instituciones.

Muy distinto fue el último fin de semana de Donald Trump, el primer presidente en 150 años que no participará en la jura de su sucesor. Estará, en cambio, el vicepresidente saliente, Mike Pence.

Sobre el escritorio del Salón Oval, hay en estas horas finales una lista de los eventuales decretos de perdón que Trump podría firmar en sus últimos días, algo que provocó lo que la prensa describió como un verdadero mercado de favores.

En sus manos, Trump también tiene una lista de los “traidores”, aquellos que no lo siguieron más en su denodado intento de anular el resultado de las elecciones presidenciales, añadió la prensa local.

El magnate medita su venganza, mientras que en las próximas semanas, entre los republicanos, se abrirá el enfrentamiento final entre los que todavía quieren seguirlo y los que buscan un juicio político y creen que es hora de recuperar el partido después de cuatro años de excesos.

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