16 de abril 2003 - 00:00

Protestas en Irak contra la ocupación

Bagdad - «¡Abajo Bush!», «¡No a la ocupación!», «¡Estadounidenses váyanse a casa!»: muchos ciudadanos de Bagdad y de otras ciudades cambiaron las flores y los vítores a los soldados norteamericanos por protestas motivadas por la falta de resultados de la guerra, la falta de electricidad y los saqueos en la capital.

«¡Go home!», gritaron los cuatro ocupantes de un automóvil cuando pasaron frente a una patrulla de soldados estadounidenses en la concurrida calle Karrada Dakhel ayer al mediodía.

•Amenaza

La reacción de los militares no se hizo esperar. Los cuatro jóvenes estudiantes son sacados del automóvil a la fuerza y lanzados al suelo a empujones: el rostro contra el asfalto y las manos atadas a la espalda.

Los insultos de los soldados, que registran el automóvil en busca de armas o explosivos, suben de tono, la gente se agolpó alrededor sin saber qué hacer y gracias a la defensa de algunos iraquíes que hablaban inglés, los jóvenes son liberados y obligados a marcharse rápidamente.

«¡Los odio, juro que les voy a matar! ¡Cualquier día me pondré un cinturón de explosivos!»
, grita Nebras, uno de los ocupantes del pequeño automóvil una vez superado el incidente.

Todos los días, estos estudiantes que rondan la veintena van a protestar «contra la ocupación» frente al hotel Palestina, donde se concentran los marines estadounidenses.

«Ocuparon, han matado a nuestra gente y a cambio ¿qué nos van a dar? ¡Nada! Irak está acabado», aseguran.

A pocos metros del lugar de este incidente, en el hotel Palestina, las manifestaciones se multiplican: profesores de universidad, médicos, abogados o simples ciudadanos vienen todos los días a protestar contra la guerra y contra los «planes ocultos» de Bush para Irak.

«No tenemos miedo a que disparen contra nosotros. Lo que estamos haciendo es lo correcto. Este es nuestro país y sólo Dios nos juzgará», apuntó Yasser, ingeniero, de 40 años, que sostiene una pancarta que reza «Sí a la libertad, Sí a Irak, no a la ocupación».

A los gritos de «¡Down, Bush, Down!» (Abajo Bush), los nervios de los marines, algunos de ellos jóvenes de menos de 20 años, cansados y atemorizados, se crispan. En pocos minutos, el hotel es acordonado, aislado y el paso se prohíbe incluso a los periodistas que se alojan en su interior.

El miedo a atentados suicidas de parte de un pueblo que cada día tiene menos que perder va en aumento, afirman los soldados, que multiplican los registros a automóviles, pertenencias y personas de cualquier edad y nacionalidad.

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