Alexander Litvinenko. Ex antiguo agente del Servicio Federal de Seguridad (FSB, antigua KGB), fue asesinado el año pasado con una dosis letal de polonio 210. Había pedido asilo político en Gran Bretaña a causa de la «incesante persecución» que sufría por parte de los servicios secretos rusos.
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Antes de caer en desgracia, Litvinenko había tenido una estupenda hoja de servicios, ascendiendo de soldado raso a coronel del FSB. Pero su carrera se truncó en 1998, al denunciar públicamente una serie de acciones ilegales de los dirigentes del FSB, encabezado entonces por Vladimir Putin. Aseguró, entre otras acusaciones, que había recibido la orden de asesinar a Boris Berezovsky, entonces secretario del Consejo de Seguridad de Rusia y hoy exiliado en Londres y enemigo declarado del presidente ruso.
En Londres, Litvinenko continuó sus denuncias y en 2002 fue el primero en acusar a los servicios secretos rusos de haber volado dos edificios de viviendas en Moscú en 1999, acto que fue atribuido por el Kremlin a los terroristas chechenos.
Aquellos atentados ocurrieron justo en vísperas del inicio de la segunda guerra de Chechenia, que catapultó a Putin a la presidencia.
En 2001 apareció en Nueva York su libro «El FSB dinamita Rusia». Litvinenko colaboraba con la conocida periodista Ana Politkovskaya, y en octubre pasado, cuando ésta fue asesinada, inició su propia investigación.
Andrei Lugovoi. El principal sospechoso del asesinato de Litvinenko fue también agente secreto y actualmente dirige una empresa privada de seguridad. Fue interrogado por Scotland Yard por el caso, y la Fiscalía británica cree que tiene pruebas suficientes para procesarlo por la muerte de su compatriota, con el que se reunió el 1 de noviembre, el día en que este último cayó enfermo de forma repentina.
Acusaciones
El Reino Unido reclamó a Moscú su extradición, en medio de sus proclamaciones de inocencia y de sus acusaciones a los servicios secretos británicos de estar detrás del asesinato.
La Fiscalía General de Rusia rechazó el pedido de extradición, lo que llevó ayer a Londres a expulsar a cuatro diplomáticos rusos.
Dimitri Kovtun. También ex espía y actualmente empresario, es socio de negocios y amigo de la infancia de Lugovoi, al que acompañó en su reunión con Litvinenko en Londres. Fue interrogado por la muerte del ex agente secreto y tuvo que ser internado en una clínica de Moscú con los mismos síntomas que Litvinenko. También se hallaron rastros de polonio 210 en el departamento de su ex mujer en Hamburgo, donde pernoctó al viajar entre Moscú y Londres, antes de reunirse en la capital británica con Litvinenko.
Mario Scaramella. Profesor italiano que almorzó con Litvinenko en el céntrico restorán japonés Itsu de Londres el mismo día en que el ex espía se enfermó. En la reunión, Scaramella le habría pasado a Litvinenko documentos relacionados con los presuntos asesinos de la periodista Politkovskaya, cuya muerte investigaba Litvinenko.
Boris Berezovsky. El magnate ruso, cuya fortuna personal asciende a más de 4.000 millones de euros, ayudó a Litvinenko cuando llegó a Londres con su familia. Aseguró en numerosas ocasiones que el ex espía le había salvado la vida. Fue uno de los empresarios y políticos más influyentes en la época del presidente Boris Yeltsin (1991-1999) y también contribuyó a la llegada al poder de Putin, aunque más tarde cayó en desgracia tras convertirse en acérrimo oponente del Kremlin. Berezovsky terminó huyendo de su país tras las elecciones presidenciales de 2000.
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