Jerusalén - El martes por la tarde estaba comiendo con compañeros periodistas en el centro de Jerusalén, a pocos centenares de metros del cruce fatídico de la calle Jaffa con King George, cuando un colega barcelonés, Sal Emergui, nos informó de que Hamas había declarado oficialmente la guerra total contra Israel. La noticia corrió como un reguero de pólvora en el restorán y, a partir de ese momento, la comida pasó a un segundo plano. En todas las mesas la gente se dedicaba a hablar de lo mismo: una quiniela improvisada sobre cuánto tiempo tardaría en producirse la próxima acción suicida. A las 16.20 exactas se oyeron, a lo lejos, estallidos secos que podrían ser disparos de fuego automático o truenos en un día de tormenta en Jerusalén. La duda se disipó en treinta segundos al oír las sirenas escalofriantes de decenas de ambulancias que se dirigían hacia el lugar. En las calles, mucha gente, en lugar de huir, corría hacia Jaffa para ayudar a las decenas de heridos. Un joven que compraba en un negocio y resultó herido en forma leve resumió el sentimiento reinante en Jerusalén: «Esto parece Chicago».
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La gran diferencia es que la motivación de los suicidas de Hamas, de Yihad Islámica y ahora, por primera vez, del grupo mayoritario palestino Al Fatah no es solamente económica, sino muy especialmente nacional, religiosa y resultado de un sentimiento de venganza.
En el último año más de 40 jóvenes palestinos han elegido el suicidio en nombre de Dios como forma de guerra contra Israel. Según una investigación realizada por el Ejército israelí, su motivación no es solamente el paro y los problemas económicos. Los motivos principales de ocho kamikazes de los últimos meses son el nacionalista y el islámico y, en muchos casos, la voluntad de vengar la muerte de un familiar o de un amigo en la anterior o actual Intifada.
• Familias pobres
Parte de los hombres bomba crecieron en familias pobres, muchos de ellos en campos de refugiados. Sin embargo, según la investigación militar, normalmente no hay una relación directa entre su situación económica y su acción suicida. Aun así, hay excepciones tales como un habitante de Belén, de 47 años, padre de nueve hijos, que se explotó frente a un hotel en Jerusalén. Después de su inmolación, se descubrió que había ingresado en Yihad Islámica tras perder su trabajo a raíz de la Intifada.
Hoy por hoy, la impresión de todos los expertos es que cada vez es más fácil para las organizaciones integristas Hamas y Yihad movilizar y entrenar jóvenes dispuestos a morir matando.
Un joven policía israelí se quejaba de que su hermano de 18 años, que cumple el servicio militar, lleva varios días en un tanque en Ramallah, que sitia el Estado Mayor de Yasser Arafat. «Hace un par de años, los dos participábamos en encuentros de solidaridad con jóvenes palestinos y soñábamos juntos con un nuevo Medio Oriente. Ahora, él vigila a Arafat y yo cazo terroristas en las calles», suspira Yaniv.
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