Pekín - China celebró el domingo la jornada mundial anticorrupción anunciando la condena a 11 años de cárcel dictada por un tribunal de Tianjin contra uno de sus gobernadores provinciales, es decir, un funcionario que pertenece al grupo de los 300 dirigentes del más alto nivel.
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La noticia, como siempre ventilada por los medios de comunicación con propósito ejemplarizador, recordó que China no es sólo un país de corrupción sino que, a diferencia de muchos otros, también es una nación en la que ser corrupto comporta riesgos muy serios. Zhang Guoguang, ex gobernador de la provincia de Hubei (60 millones de habitantes), en el curso medio del río Yangtse, había sido acusado de recibir coimas por valor de casi 1 millón de euros en sus anteriores cargos de gobernador de la provincia de Liaoning y de jefe del Partido de su capital, Shenyang. En sólo diez años, China ha pasado de ocupar los últimos puestos en la lista de cien países en nivel de corrupción a ocupar el puesto 57º, al lado de la Argentina, Egipto, Letonia, Tailandia y Turquía. Pero su ventaja respecto de Rusia es que también hay lucha contra la corrupción. En los últimos cinco años los tribunales chinos condenaron o investigaron a 83.000 funcionarios.
Periódicamente, se da cuenta de detenciones ejemplarizadoras de funcionarios. En mayo, la prensa informó del encarcelamiento del ex jefe del Partido en la provincia de Guizhou. En febrero, el ex vicegobernador de la provincia de Anhui, Wang Huaizhong, fue ejecutado por haber recibido más de medio millón de euros.
En junio, el auditor general informó de casos de malversación de fondos en 41 de los 55 departamentos del gobierno inspeccionados, con 170 millones de dólares desaparecidos.
Gran parte de quienes figuraron hace unos años en las listas de las revistas económicas internacionales como los «hombres más ricos de China», frecuentemente vulgares facinerosos, se encuentran hoy entre rejas. Todo esto no quiere decir que la corrupción sea un problema controlado en China, pero no hay duda de que ser corrupto comporta aquí determinados riesgos de los que no están exentos los altos dirigentes. El ex gobernador de Hubei y Liaoning, Zhang Guoguang, ha sido la última víctima de la poderosa Comisión de Control del Comité Central del Partido.
Liaoning, escenario de gran parte de las corruptelas imputadas a Zhang, sufrió una gran purga hace dos años, después de que el vicealcalde de su capital, Shenyang, Ma Xiangdong, fuera descubierto jugándose decenas de miles de dólares en un casino de Hong Kong. Ma fue fusilado en 2001 y otros 23 altos funcionarios de su entorno condenados a penas de cárcel.
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