Respiro para opositores: la policía egipcia en huelga

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La policía de Egipto, sacudida por un movimiento de contestación sin precedentes, ha decidido dejar de obedecer órdenes.

Acusados de uso excesivo de la fuerza por la oposición y los jóvenes manifestantes hostiles al presidente islamista Mohamed Mursi y a los Hermanos Musulmanes, los policías se sienten rechazados por sus conciudadanos a pesar de que aseguran cumplir órdenes.

"Suspendemos nuestras actividades por tiempo indefinido, porque nos negamos a asumir la responsabilidad de los errores del gobierno que quiere implicarnos en el conflicto político", dijo a la AFP Hasan Mostafa, un coronel de policía en Port Said. "Toda la sociedad está en contra de nosotros, y considera a los manifestantes muertos como mártires, mientras que nosotros ni siquiera tenemos derecho de defendernos", agregó.

En el diario al-Chooruk, el general Hefni Abdel Tawab, de la policía de Alejandría, explica que los policías "pagan el precio de conflictos políticos, a pesar de que corren el riesgo de ser perseguidos por la justicia (si mueren manifestantes) o de morir" durante los enfrentamientos que se multiplican desde finales de 2012.

El movimiento de contestación dentro de la fuerza policial comenzó hace varias semanas con manifestaciones aisladas, pero el jueves cientos de policías se pusieron en huelga en El Cairo y en Alejandría, así como en provincias del sur del país.

Para intentar apaciguar las tensiones, el ministro del Interior Mohamed Ibrahim destituyó el viernes al comandante de la policía antidisturbios, y nombró a un nuevo jefe.

Pero a pesar de ese anuncio, los policías están determinados a proseguir su movimiento. "Continuaremos nuestra huelga hasta que el gobierno acepte nuestras reivindicaciones,
es decir mantener a la policía alejada de la política, dejar de nombrar a miembros de los Hermanos Musulmanes en puestos clave en la policía y destituir al ministro del Interior", aseguró el coronel Mohamed Fawzi de la policía de El Cairo, en el diario al-Chorouk.

En los últimos días, la contestación se extendió a las Fuerzas de Seguridad Central (FSC, fuerza antidisturbios). En Ismailía, en el canal de Suez, las FSC se negaron a ir a la ciudad vecina de Port Said, donde los enfrentamientos entre policías y manifestantes han dejado unos 50 muertos, entre ellos tres policías, desde finales de enero. El viernes, Mursi decidió confiar al ejército la seguridad en Port Said.

Gran parte de la población tiene una imagen negativa de la policía desde hace décadas. Y a pesar de la caída de Hosni Mubarak a principios de 2011, que se apoyaba en un extenso y brutal aparato policial, se la considera aún como un instrumento de represión.

Según las organizaciones locales de defensa de Derechos Humanos, más de 70 manifestantes han muerto desde noviembre 2012. Los casos de dos jóvenes activistas, Mohamed El-Guendi, de 27 años, y Mohamed el-Chafei, de 22 años, levantaron una ola de emoción en Egipto. El primero murió torturado por la policía, según su familia y un comité de médicos forenses. El segundo, desaparecido durante un mes, murió durante enfrentamientos cerca de la plaza Tahir.

Para varios analistas, esta huelga es una amenaza real, en momentos en que el presidente Mursi debe hacer frente a fuertes críticas, por una parte de la población, y de una situación económica difícil.

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