15 de septiembre 2003 - 00:00

¿Se arrepiente Bush de cómo actuó con la ONU?

Washington - Ahora que el presidente George W. Bush va a regresar a Naciones Unidas en busca de tropas y dinero para salvar su estrategia de ocupación en Irak, el interrogante es si ha quemado demasiados puentes para obtener la ayuda que necesita.

No pocos países se sintieron satisfechos al ver pasar a Bush, en cuatro meses, de las declaraciones triunfantes a una solicitud al mundo para que ayude a un ejército de ocupación asediado por los problemas. Algunos evidentemente se sienten tentados de considerarlo un momento para el desquite.

Ahora, las tropas que marcharon sobre Bagdad con poca oposición no ven fácil la salida.

Aunque el secretario de Defensa, Donald H. Rumsfeld, insiste en que 30 naciones contribuyeron para la ocupación, el hecho es que de las tropas que están ahora en Irak (163.000), 86 por ciento, o seis de cada siete, es estadounidense. La mayoría de los altos colaboradores de Bush admite que serían afortunados con llevar otras 30.000. Pero aun cuando estuvieran dispuestos, los franceses ya están involucrados en otros países, y los alemanes están ocupados en Afganistán.

Por ello, nadie prevé una retirada de tropas en los próximos 18 meses. Eso hace que las fuerzas estadounidenses estarán profundamente involucradas en Irak dentro de un año, cuando Bush esté intensamente involucrado en buscar la reelección
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•Prueba

Contra ese telón de fondo, la prueba más interesante que enfrentará Bush en las próximas semanas será si otras naciones ven el apuro de Estados Unidos como una oportunidad para reequilibrar una relación de poder con Washington que consideran ladeada. Benjamin R. Barber, profesor de la Universidad de Maryland, lo expresó de esta manera: «Sospecho que los alemanes, los franceses y Kofi Annan están pensando ahora en decir: '¿Están reconsiderando una estrategia en la cual reclaman el derecho a decidir unilateralmente lo que es de su interés, o están pidiéndonos que acudamos y ayudemos a limpiar su embrollo?». Barber considera que los aliados pondrán su precio -más control político compartido en Irak, más contratos petroleros, un mayor papel en la reconstrucción-a cambio de ofertas de ayuda modesta.

Hasta ahora, los líderes extranjeros están mostrándose difíciles de convencer. El presidente de Francia, Jacques Chirac, después de reunirse con el canciller alemán, Gerhard Schröder, dijo que el plan de Bush parece «bastante alejado de lo que para nosotros es el objetivo primario; es decir, transferir la responsabilidad política a un gobierno iraquí tan rápidamente como sea posible».

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