Semana clave en ONU para la sucesión de Ban Ki-moon
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La semana pasada, el gobierno búlgaro anunció que impulsaría la candidatura de la actual vicepresidenta de la Comisión Europea, Kristalina Georgieva, pese a que su compatriota, Irina Bokova, ya estaba en carrera.
Bokova, que se desempeña como directora general de la Unesco, anunció sin embargo que continuará en la carrera por suceder a Ban, por lo que volvió a empardar la cantidad de hombre y mujeres en puja, en un escenario en el que hay fuertes reclamos para que por primera vez en sus 70 años de existencia, una mujer conduzca las Naciones Unidas.
Ante la Asamblea General, Georgieva defendió durante dos horas y media su candidatura a la secretaría general de la ONU, tiempo en el que reivindicó el principio de rotación regional que ha venido observando hasta ahora la ONU para el nombramiento de su máxima autoridad y que en esta ocasión le tocaría a Europa Oriental.
"Para una organización orgullosa de ser inclusiva, todas las regiones tienen que poder mirar hacia arriba", afirmó. "Mi deber con este principio de universalidad es lo que me anima", agregó.
Según fuentes diplomáticas citadas por la agencia de noticias EFE, Rusia y China no están dispuestas a soslayar la tradición de rotación regional, por lo que, si al final se inclinan en ese sentido, será difícil que el Consejo de Seguridad se decida finalmente por la candidatura de Guterres.
Además de Georgieva hay dos mujeres de países de Europa Oriental, Bokova y la moldava Nataria Gherman, pero la primera no parece contar con las simpatías de países occidentales y la segunda tuvo un desempeño pobre cuando defendió su candidatura.
En su exposición, Georgieva habló de la lucha contra la pobreza, sobre el extremismo islámico, sobre la creciente polarización internacional y de cómo el mundo está siendo escenario del "contagio de conflictos internos y del aumento del extremismo violento".
La tardía la postulación de la ex vicepresidenta del Banco Mundial abrió varios interrogantes.
Por un lado, si su presentación es producto de un consenso secreto entre las potencias, hipótesis difícil de refrendar dado que durante su función al frente de Comisión Europea ha motorizado las sanciones a Rusia por su papel en Ucrania.
Al mismo tiempo, está la duda si la figura de Georgieva podría resultar una apuesta de los conservadores europeos con la intención de desplazar al socialista Guterres, hipótesis que se develarán el miércoles próximo con la votación en la ONU.



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